21 de Octubre | Una religión radiante | Elena G. de White | La alegría del arrepentido

«Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hada arriba lo vio, y le dijo: aZaqueo, date prisa, desdende, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa31. Entonces él descendió aprisa y lo redbió gozoso». Lucas 19: 5-6

MUCHAS CARAVANAS EN CAMINO a la fiesta pasaban por Jericó. Su llegada era siempre una ocasión festiva, pero ahora un interés más profundo animaba al pueblo. Se sabía que el Rabino galileo que poco antes había resucitado a Lázaro estaba en la multitud; y aunque abundaban los rumores sobre las maquinaciones de los sacerdotes, las muchedumbres anhelaban rendirle homenaje. […] Zaqueo había oído hablar de Jesús. Se habían divulgado extensamente las noticias referentes a uno que se había comportado con bondad y cortesía para con las clases excluidas. En este jefe de los publícanos se había despertado un anhelo de vivir una vida mejor. […] Cuando se supo en Jericó que Jesús estaba entrando en la ciudad. Zaqueo decidió verlo. […]
Las calles estaban atestadas, y Zaqueo, que era de poca estatura, no iba a ver nada por encima de las cabezas del gentío. Nadie le iba a dejar, así que, corriendo delante de la multitud hasta un frondoso sicómoro que extendía sus ramas sobre el camino, el rico recaudador de impuestos trepó entre el follaje desde donde podría examinar a la procesión que pasaba abajo. Mientras el gentío se aproximaba, Zaqueo escudriñaba con ojos anhelantes para distinguir la figura de Aquel a quien ansiaba ver. […] De repente, un grupo se detuvo bajo el sicómoro. El grupo que iba delante y el que iba detrás hicieron alto, y Aquel cuya mirada conocía los pensamientos miró hacia arriba. Casi dudando de sus sentidos, el personaje que estaba en el árbol oyó las palabras: «Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa» (Luc. 19: 5).
La multitud hizo lugar y Zaqueo, caminando como en sueños, se dirigió hacia su casa. […] Cristo lo acompañó para enseñarle lecciones de verdad e instruir a su familia en los asuntos del reino. Ellos habían sido expulsados de la sinagoga por el desprecio de los rabinos y adoradores; pero ahora su casa era la más favorecida de toda Jericó; acogían bajo su propio techo al divino Maestro y oír directamente de él palabras de vida.— El Deseado de todas las gentes, cap. 61, pp. 519-523.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristiana feliz
Elena G. de White

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