21 de noviembre | La maravillosa gracia de Dios | Elena G. de White | Guardados sin caída

Aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría. Judas 24.

En estos últimos días, cuando abunde la iniquidad y el amor de muchos se enfríe, Dios tendrá un pueblo que glorificará su nombre y se alzará para condenar la injusticia. Ha de ser un “pueblo peculiar”, que será leal a la ley de Dios cuando el mundo procure anular sus preceptos; y cuando el poder de Dios que convierte obre por medio de sus siervos, las huestes de las tinieblas se aprestarán en amarga y determinada oposición.—A Fin de Conocerle, 185. (Traducción revisada.)
Habrá un conflicto constante desde el momento de nuestra determinación de servir al Dios del cielo hasta que seamos librados del presente mundo malo. No habrá alivio en esta guerra… Nuestra obra es agresiva, y como fieles soldados de Jesús, debemos llevar el estandarte teñido de sangre hasta la misma fortaleza del enemigo… Si consentimos en deponer nuestras armas, e inclinar el estandarte teñido en sangre, en convertirnos en cautivos y siervos de Satanás, hallaremos alivio para el conflicto y el sufrimiento. Pero esta paz se obtendrá sólo mediante la pérdida de Cristo y el cielo. No podemos aceptar una paz en semejantes condiciones. Que haya guerra, guerra hasta el fin de la historia de la vida, y no paz mediante apostasía y pecado.—The Review and Herald, 8 de mayo de 1888.
La obra de apostasía comienza con alguna rebelión secreta del corazón contra los requerimientos de la ley de Dios. Se fomentan y complacen deseos impíos y ambiciones ilícitas y, como resultado, la incredulidad y las tinieblas separan al alma de Dios. Si no vencemos estos males, ellos nos vencerán… La complacencia del orgullo espiritual, de los deseos profanos, de los pensamientos concupiscentes, de cualquier cosa que nos aleje de una asociación íntima y santa con Jesús, pone en peligro nuestra alma.—A Fin de Conocerle, 256.
Debemos pelear “la buena batalla de la fe”, si queremos echar “mano de la vida eterna”. 1 Timoteo 6:12. Debemos ser “guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación”. 1 Pedro 1:5. Si el pensamiento de la apostasía os resulta opresivo… “aborreced lo malo, seguid lo bueno”. Romanos 12:9.—The Review and Herald, 8 de mayo de 1888.

DEVOCIONAL LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS
Elena G. de White

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