21 de noviembre 2020 | Devoción Matutina para Damas 2020 | Menos monólogo; más diálogo

 

UN DÍA A LA VEZ

Lecturas Devocionales para Mujeres 2020

 

“Yo hablaba lo que no entendía; […] te preguntaré, y tú me enseñarás (Job 42:3,4, RVR).

 

Una amiga mía estaba estudiando en la universidad cuando, un día, se quedó profundamente impresionada por un joven que acababa de llegar. Se enamoró de tal modo que corrió tras él para conquistarlo. No concebía la idea de que aquel muchacho no fuera para ella. Finalmente, su ingenio y sus esfuerzos le permitieron llegar a ser su novia. Así pasaron cinco años de noviazgo felices para ella, pues había logrado la meta que se había propuesto. Hasta que llegó el fatídico día de la graduación. Obviamente, sus caminos iban a separarse si la relación no terminaba en boda, por lo que ella misma le expresó su deseo de casarse en diciembre. “Cinco años son más que suficientes”, fue el argumento que utilizó para intentar convencerlo. Ni ese ni ningún otro argumento le hubieran servido: él no estaba interesado en unir su vida a la de ella. Le dijo que no y continuó su rumbo. Ella, entre lágrimas, me contaba cuánto le había costado mantener aquella relación para verla terminar así. Yo le pregunté:

-¿Pero tú has orado? ¿Has escuchado la voz de Dios? ¿Crees que vale la pena estar con un hombre que no te ama? Es posible que mi amiga hubiera orado durante aquellos años, pero su oración no era un diálogo con Dios en el que ella le hacía preguntas y después esperaba pacientemente las respuestas del Señor. Sus oraciones eran monólogos que, antes de comenzar, ya tenían un final escrito en su mente. Le faltó hacer un alto; le faltó hacer silencio y escuchan le faltó hacer preguntas.

Cuando oramos, debemos acercarnos a Dios con humildad para que él nos escuche (ver Jer. 29:12,13); debemos pedirle la dirección del Espíritu Santo (ver Rom. 8:14); recordar que la oración ha de estar unida a la lectura de la Biblia, que por sí misma nos aclara muchas de las dudas que llevamos al Padre (ver 2 Tim. 3:16,17); debemos vivir una vida que sea agradable a Dios (ver 1 Juan 3:22); perdonar a quienes nos han ofendido (ver Mat. 6:14,15) y buscar hacer la voluntad divina, no la nuestra (ver Luc. 22:42).

La oración no es un monólogo con un final ya escrito en tu mente, sino un diálogo entre tú y Dios. Plantea tus asuntos a Dios y espera su respuesta. Llegará a través de la Biblia, del Espíritu, de la naturaleza o de otros seres humanos…

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2020



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