21 de junio | Devocional: Recibiréis Poder | La mejor publicidad para la verdad: el amor

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. Juan 13:35.

Muchos podrán llegar a ser colaboradores con Dios en el ministerio de presentar a otros la gran obra de la redención. El Señor permite que cada participante tenga su propia esfera de acción, pero debe tener su Palabra como guía de la vida. También les ha dado al Espíritu Santo para que puedan vencer todas las tendencias heredadas y cultivas que arrastran al pecado, y, asimismo, para imprimir su propio carácter en el agente humano y, por su intermedio, en todos cuantos entren en la correspondiente esfera de influencia.

Al agente humano se lo insta a fin de que colabore con Dios para difundir la gracia, la bondad y el amor divinos; así quedarán estas virtudes impresas en otras mentes. Cada creyente debe llegar a ser un instrumento mediante el cual el Espíritu Santo pueda obrar. Podrán lograr este objetivo únicamente los que rinden todas sus habilidades al control del Espíritu. En ocasión del Pentecostés Dios dio su Espíritu, y éste, al obrar en corazones receptivos, pudo impresionar a todas las personas con las cuales los creyentes entraron en contacto.

Por nuestra relación de amistad y familiaridad con los seres humanos es como podemos ejercer una influencia elevadora. Los que están unidos en una esperanza y una fe común en Cristo Jesús, pueden llegar a ser una bendición el uno para el otro. Jesús dice: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado”. Juan 13:34. El amor no es un simple impulso, una emoción transitoria que depende de las circunstancias. Es un principio vivo, un poder permanente. El creyente es alimentado por las corrientes vitalizadoras del amor puro que fluye del corazón de Cristo como un manantial que nunca se agota.

¡Oh, cuánto se aceleran las pulsaciones del corazón, se ennoblecen las motivaciones y se profundizan los afectos como resultado de ésta comunión! Educados y disciplinados por el Espíritu Santo, los hijos de Dios se aman el uno al otro en forma verdadera, sincera, sin afectación y “sin incertidumbre ni hipocresía”. Santiago 3:17. Todo esto sucede porque el creyentes está ligado con Jesús mediante el vínculo del amor. Los afectos del uno por el otro brotan de la común relación con Dios, que nos convierte en una gran familia en la que hay correspondencia en el amor como Cristo nos ama. Cuando comparamos esta verdad que santifica, y disciplina los afectos, con las cortesías superficiales del mundo, las expresiones efusivas y sin sentido de la amistad son como la paja al lado del grano.—The  Ellen G. White 1888 Materials, 1508, 1509.

DEVOCIONAL: RECIBIRÉIS PODER

Elena G. de White

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Devocional

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