21 de julio | Devocional: La fe por la cual vivo | La señal del comienzo

Y él me dijo: Hasta dos mil y trescientos días de tarde y de mañana; y el santuario será purificado. Daniel 8:14.

“Como pueblo, debemos ser estudiantes fervorosos de la profecía; no debemos descansar hasta que entendamos claramente el tema del santuario, que ha sido presentado en las visiones de Daniel y de Juan. Este asunto arroja gran luz sobre nuestra posición y nuestra obra actual, y nos da una prueba irrefutable de que Dios nos ha dirigido en nuestra experiencia pasada. Explica nuestro chasco de 1844, mostrándonos que el santuario que había de ser purificado, no era la tierra, como habíamos supuesto, sino que Cristo entró entonces en el lugar santísimo del santuario celestial, y allí está realizando la obra final de su misión sacerdotal.”—Evangelismo, 166.

“Se había llegado al resultado de que los 2.300 días empezaban desde el momento de haber entrado en vigor el decreto de Artajerjes ordenando la restauración y edificación de Jerusalén, en el otoño del año 457 A.C. Tomando esto como punto de partida, había perfecta armonía en la aplicación de todos los acontecimientos predichos en la explicación de ese período hallada en Daniel 9:25-27. Las setenta semanas, o 490 años, les tocaban especialmente a los judíos. Al fin del período, la nación selló su rechazamiento de Cristo con la persecución de sus discípulos, y los apóstoles se volvieron hacia los gentiles en el año 34 de nuestra era. Habiendo terminado entonces los 490 primeros años de los 2.300, quedaban aún 1.810. ‘Entonces’ dijo el ángel, ‘será purificado el santuario.’”—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 462.

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DEVOCIONAL: LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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