21 de agosto | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Siempre hacia arriba

De la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él. Colosenses 2:6.

Esto significa que debéis estudiar la vida de Cristo. Debéis estudiarla con mayor dedicación que alguna rama de conocimiento secular, ya que los intereses eternos son más importantes que las disciplinas temporales y terrenas. Si apreciáis el valor y la santidad de las cosas eternas, dedicaréis vuestros pensamientos más agudos, vuestras mejores energías, a la solución del problema que implica vuestro eterno bienestar; porque todo otro interés se hunde en la nada en comparación con esto. Tenéis un Modelo, Cristo Jesús; caminad en sus pisadas.—Fundamentals of Christian Education, 303.

“Mostrad en vuestra fe virtud”. 2 Pedro 1:5. No se hace ninguna promesa al que retrocede. El apóstol, en su testimonio, está procurando estimular a los creyentes en gracia y santidad. Ya han profesado estar viviendo la verdad, tienen un conocimiento de la preciosa fe, han sido hechos participantes de la naturaleza divina. Pero si se detienen ahí, perderán la gracia que han recibido…

La verdad es un principio activo que impulsa a la acción, moldeando el corazón y la vida para que haya un constante movimiento hacia arriba… En cada paso ascendente, la voluntad recibe un nuevo impulso para la acción. El tono moral se hace cada vez más semejante a la mente y el carácter de Cristo. El cristiano que progresa tiene gracia y amor que sobrepasa el conocimiento, porque la contemplación del carácter de Cristo transforma profundamente sus afectos. La gloria de Dios, revelada por encima de la escalera, puede ser apreciada únicamente por el que progresa en la ascensión, quien siempre es atraído más alto, hacia los blancos más nobles que Cristo revela.—Nuestra Elevada Vocación, 70.

Los pasos que nos conducen hacia arriba, al cielo, deben ser dados uno por vez; cada paso que damos nos fortalece para el siguiente. Pocos comprenden el poder transformador de la gracia de Dios sobre el corazón humano, porque son demasiado indolentes para hacer el esfuerzo necesario.—Testimonies for the Church 4:444-446.

DEVOCIONAL: LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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