21 de abril | Devocional: Alza tus ojos | Nuestra guía es la palabra de Dios

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Salmos 119:105.

Si estuviéramos dispuestos a trabajar sabia e inteligentemente, nuestras pasiones humanas, nuestras tendencias heredadas y cultivadas estarían sujetas a un control que es más elevado y poderoso que la habilidad humana…

“Dejad de hacer el mal; aprender a hacer el bien”. Esta es la lección que todos debiéramos aprender día tras día. Nuestra preparación personal está en primer lugar. La influencia que ejerce una vida de estricta integridad constituirá una enseñanza continua para otros. Los que son controlados y guiados por los principios morales y religiosos claramente establecidos en la Palabra de Dios caminan en armonía con la mente y la voluntad de Dios, quien es demasiado sabio para equivocarse y demasiado bueno para hacernos daño.

Si Ud. quiere caminar sabiamente, transite en los caminos de los mandamientos de Dios. Mantenga la Palabra de Dios a su alcance, al alcance de su mano. Esta Palabra es tan clara que nadie tiene por qué extraviarse a menos que permita que sus tendencias heredadas y cultivadas lo lleven a hacer el mal. Su Redentor enfrentó los arteros ataques con las palabras: “escrito está”, y con el mandato imperativo: “Vete, Satanás”. Le aconsejo que con mansedumbre reciba la Palabra injertada, que es capaz de salvar su alma. La Palabra de Dios es su refugio. Es una torre de fortaleza, en la que puede refugiarse y estar seguro.

El investigador ferviente y sincero de la verdad no confundirá la verdad con el error. La Palabra de Dios es el Pan de Vida del cual todos pueden participar y obtener vida eterna. El error es falsedad y engaño. Los que participan de él deben sufrir las consecuencias, como ocurrió con Adán y Eva en el Edén. Es privilegio de todos escudriñar la verdad con oración y ávido interés. La verdad es el árbol de vida, cuyas hojas pueden ser comidas por la familia humana para vivir. Los que tratan de interpretar la Palabra de acuerdo con sus propias ideas, los que la leen ajustándola a sus propias opiniones, nunca verán la verdad y morirán en sus pecados. Los que comen del árbol prohibido aceptan los engaños de Satanás en lugar del “así dijo el Señor”, y a menos que se arrepientan nunca ganarán esa vida que se mide con la vida de Dios. Como lo hicieron Adán y Eva, se excluyen a sí mismos del árbol de la vida cuyo fruto perpetúa la inmortalidad.

Estamos viviendo en medio de los solemnes acontecimientos del juicio. Nuestras almas debieran estar llenas de temor reverente, porque estamos continuamente en la presencia de Dios. Cada uno debe decidir por sí mismo si obedecerá y vivirá o desobedecerá y perecerá.

Para los que obedecen, la Palabra de Dios es el árbol de la vida. Es la palabra de salvación, que se recibe para vida eterna.—Carta 60, del 21 de abril de 1900, dirigida a Carlos McDaniel, miembro de iglesia en Rochester, Nueva York.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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