20 de septiembre | Dios nos cuida | Elena G. de White | Echen mano de la fortaleza divina

Entonces hablaste en visión a tu santo, y dijiste: He puesto el socorro sobre uno que es poderoso. Salmos 89:19.

El Señor los ama. El Señor es tierno y compasivo. Su promesa es la siguiente: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Santiago 4:8. Cuando el enemigo se aproxime como una inundación, el Espíritu del Señor levantará bandera contra él y en favor de ustedes. Recuerden que Jesucristo es nuestra esperanza. En medio de las circunstancias tristes y desanimadoras que les pueden sobrevenir en cualquier momento, Cristo les dice: “Haga[n] conmigo paz; sí, haga[n] paz conmigo”. Isaías 27:5.
La tarea de ustedes consiste en echar mano de la fortaleza que es tan firme como el trono eterno. Crean en Dios. Confíen en él. Manténganse alegres en toda circunstancia. Aunque sufran pruebas, sepan que Cristo padeció estas aflicciones en favor de su herencia. Nada es tan querido para Dios como su iglesia. El Señor mira el corazón. Sabe quiénes son los suyos. Probará a toda alma viviente. “Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán”. Daniel 12:10.
Entonen himnos de alabanza y gratitud los que aman a Dios y obedecen su Palabra, en lugar de pronunciar acusaciones, de criticar y murmurar. El Señor bendecirá a los pacificadores.
Confíen en el Señor. No permitan que los depriman ni los sentimientos, ni los discursos, ni las actitudes de ningún ser humano. Tengan cuidado que ni sus palabras ni sus actos les den a los demás la ventaja de herirlos. Mantengan la vista fija en Jesús. El es la fortaleza de ustedes. Al contemplarlo, se transformarán a su semejanza; será la salud del rostro de ustedes, y su Dios.
La iglesia los necesita, y ustedes necesitan suavizar y someter sus propios sentimientos por causa de Cristo. El quiere que su Santo Espíritu obre en ustedes. Entonces estarán en condiciones de impartir vida y consuelo a la iglesia. Elijan bien sus palabras de manera que sean una bendición para ella. No se aflijan por las inconsecuencias de los demás. Preocúpense de ustedes mismos, y sean consecuentes en todo.

DEVOCIONAL DIOS NOS CUIDA
Elena G. de White

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