20 de mayo | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Nos induce a ser semejantes a Cristo

El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. 1 Juan 2:6.

El Evangelio no ha de ser presentado como una teoría sin vida, sino como una fuerza viva para cambiar la vida. Dios desea que los que reciben su gracia sean testigos de su poder… Quiere que sus siervos atestigüen que por su gracia los hombres pueden poseer un carácter semejante al suyo y que se regocijen en la seguridad de su gran amor. Quiere que atestigüemos que no puede quedar satisfecho hasta que la familia humana esté reconquistada y restaurada en sus santos privilegios de hijos e hijas.—El Deseado de Todas las Gentes, 766.

El pueblo de Dios se distinguirá como un pueblo que lo sirve plena y cordialmente, no honrándose a sí mismo, sino recordando que mediante un pacto solemnísimo se han comprometido a servir al Señor y únicamente a él.—Testimonies for the Church 9:17.

Dios exige que sus hijos sean perfectos. Su ley es una copia de su propio carácter, y es la norma de todo carácter. Esta norma infinita es presentada a todos a fin de que no haya equivocación respecto a la clase de personas con las cuales Dios ha de formar su reino. La vida de Cristo sobre la tierra fue una perfecta expresión de la ley de Dios, y cuando los que pretenden ser hijos de Dios llegan a ser semejantes a Cristo en carácter, serán obedientes a los mandamientos de Dios. Entonces el Señor puede con confianza contarlos entre el número que compondrá la familia del cielo. Vestidos con el glorioso manto de la justicia de Cristo, poseen un lugar en el banquete del Rey. Tienen derecho a unirse a la multitud que ha sido lavada con sangre.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 298.

Todas las cosas deben ser vistas a la luz del ejemplo de Cristo. Él es la verdad. Él es la verdadera luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. Escuchad sus palabras, copiad su ejemplo de abnegación y sacrificio, y mirad a los méritos de Cristo para obtener la gloria de carácter que él posee para concedérosla. Los que siguen a Cristo no viven para agradarse a sí mismos. Las normas humanas son como cañas débiles. La norma del Señor es la perfección de carácter.—Testimonios para los Ministros, 426.

DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White



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