20 de junio | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | Ayuda para el descarriado

Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado. Gálatas 6:1.

Este versículo nos da una instrucción especial para tratar tiernamente con aquellos que son tomados en falta. “Tomado” debe recibir todo su significado. … Ser inducido a pecar inadvertidamente—sin intentar pecar, sino pecar por falta de vigilancia y oración, sin discernir la tentación de Satanás, cayendo así en la trampa—, es muy diferente que si uno planea el pecado y entra deliberadamente en la tentación y prepara una conducta de pecado. …
Se necesitan las medidas más efectivas para enfrentar el pecado premeditado; pero el apóstol da las instrucciones que deben darse a aquellos que son tomados o sorprendidos o vencidos por la tentación. … Restáuralos en humildad, “considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado”. Para hacerles ver su peligro y pecado se necesitarán fe y reproche, y un consejo bondadoso y súplicas a Dios. La palabra original es “puesto en articulación” como un hueso dislocado; por lo tanto debieran realizarse esfuerzos para ponerlos en articulación, y hacerlos entrar en razón, convenciéndolos de su pecado y error. … Nadie debería jactarse por la caída de un hermano. Sino que con mansedumbre, en el temor de Dios, en amor por su alma, se debería procurar salvarlo del pecado.—Carta 11, 1887, pp. 7, 8.
Cuando los hombres tienen que nadar contra la corriente, el empuje de las olas tiende a hacerlos retroceder. Extiéndaseles entonces una mano, como se extendió la mano del Hermano mayor para socorrer a Pedro que se hundía. … Que los hermanos no den ocasión a desanimarse a aquel que se supone que ha obrado incorrectamente, sino que le haga sentir el fuerte apretón de una mano de simpatía; que él escuche este susurro: “Oremos”. El Espíritu Santo les dará a ambos una rica experiencia. Es la oración la que une los corazones. Es la oración al gran Médico, en busca de sanidad para el alma, la que traerá la bendición de Dios. La oración nos une unos a otros, y con Dios. La oración trae a Jesús a nuestro lado, y proporciona nueva fortaleza y gracia al alma desmayada y perpleja, para vencer al mundo, a la carne y al diablo. La oración desvía los ataques de Satanás.—Carta 50, 1897, pp. 17.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN
Elena G. de White

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Devocional

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