20 de junio | Devocional: La fe por la cual vivo | La porción de los impíos

He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá. Ezequiel 18:4.

“Mientras la vida es la heredad de los justos, la muerte es la porción de los malos.”—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 599.

“El alma que pecare morirá de una muerte eterna: una muerte que durará para siempre, de la cual no habrá esperanza de resurrección.”—Early Writings, 51.

“Cristo soportó una muerte atroz en las circunstancias más humillantes, para que tuviésemos vida. dio su preciosa vida para vencer la muerte. Pero se levantó de la tumba, y las miríadas de ángeles que vinieron a contemplarle mientras recuperaba la vida que había depuesto, oyeron sus palabras de gozo triunfante cuando, de pie sobre la tumba abierta de José, proclamó: ‘Yo soy la resurrección y la vida.’

“La pregunta: ‘Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?’ (Job 14:14) ha sido contestada. Al llevar la penalidad del pecado y al bajar a la tumba, Cristo la iluminó para todos los que mueren con fe. Dios, en forma humana, sacó a luz la vida y la inmortalidad por el Evangelio. Al morir, Cristo aseguró la vida eterna a todos los que crean en él. Al morir condenó al instigador del pecado y la deslealtad a sufrir la pena del pecado: la muerte eterna.

“El Poseedor y Dador de la vida eterna, Cristo, fue el único que pudo vencer la muerte. Él es nuestro Redentor.”—Joyas de los Testimonios 2:487.

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DEVOCIONAL

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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