20 de febrero | Devocional: Alza tus ojos | Vendrán pruebas

«Pues no se complace en afligir o entristecer a los hijos de los hombres». Lamentaciones 3: 33

Nuestro Padre celestial no aflige ni entristece innecesariamente a nadie. Los torbellinos y las tempestades, así como el fuego y las aguas torrenciales, siempre tienen un propósito. El Señor permite que las calamidades sobrevengan a su pueblo para salvarlo de peligros mayores. El Señor desea que todos hagamos examen de conciencia a fondo, y que acudamos a él a fin de que él pueda acercarse a cada uno de nosotros. Nuestras vidas están en las manos del Señor. Él ve los riesgos que nos amenazan como nosotros no podemos verlos. Es el dador de todas nuestras bendiciones; el proveedor de todas nuestras misericordias; el ordenador de todas nuestras experiencias. Percibe peligros que nosotros no podemos ver. El permite que sobrevenga a su pueblo alguna prueba que llene los corazones de sus hijos de tristeza, porque ve que necesitan enderezar su camino, no sea «que el pie cojo no sufra una nueva torcedura» (Heb. 12: 13, LPH). Conoce nuestra condición y se acuerda que somos polvo (Sal. 103: 14). Aun los mismos cabellos de nuestra cabeza están contados (Mat. 10: 30). Obra a través de las causas naturales para hacemos recordar que él no nos ha olvidado, sino que desea que abandonemos el camino que, si se nos permitiera seguir en forma desenfrenada y sin reprobación, nos conduciría al abismo.

A todos nos sobrevendrán pruebas a fin de conducimos a examinar nuestros corazones y ver si están libres de todo lo que contamina. Constantemente el Señor está obrando para nuestro bien presente y eterno. Ocurren cosas que parecen inexplicables, pero si confiamos en el Señor y esperamos pacientemente en él, humillando nuestros corazones delante de él, no permitirá que el enemigo triunfe.

El Señor salvará a su pueblo en la forma que él considere mejor, usando medios e instrumentos que hagan que la gloria sea para él. Solamente a él pertenece la alabanza. […]

Todo aquel que está en el camino de la salvación debe ser partícipe con Cristo en sus sufrimientos, a fin de que pueda ser participante con él de su gloria. Cuán pocos comprenden por qué Dios los somete a pruebas! Es mediante la prueba de nuestra fe como obtenemos fortaleza espiritual. El Señor trata de educar a su pueblo para que dependa enteramente de él. Desea que, mediante las lecciones que les enseña, lleguen a ser más y más espirituales. Si no se obedece su Palabra con toda humildad y mansedumbre, les enviará experiencias que, si son correctamente recibidas, les ayudarán a prepararse para la obra que debe ser hecha en su nombre. Dios desea revelar su poder en una manera notable a través de las vidas de los componentes de su pueblo.— Manuscrito 76, 20 de febrero de 1902, «El incendio del sanatorio».

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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