20 de enero | Devocional: Nuestra Elevada Vocación | ¿Luz o sombra?

¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! Isaías 5:20.

Dios es luz, y en él no hay tinieblas. Si no hubiera luz, no habría sombra. Pero aun cuando la sombra procede del sol, no es creada por él. Es alguna obstrucción la que causa la sombra. Así también las tinieblas no emanan de Dios, sino que son el resultado de un objeto que se interpone entre el alma y Dios. … El desconocimiento de la luz que Dios da, produce ese resultado seguro. Crea una sombra, una sombra que es más oscura a causa de la luz que ha sido enviada…. Si un hombre se aleja de la luz y de la evidencia, y se somete a las artes seductoras de Satanás, él mismo pone la cortina de la incredulidad alrededor de él, de manera que la luz no puede ser distinguida de las tinieblas. Más luz y evidencia serían únicamente mal comprendidas por él. Mientras mayor sea la evidencia, tanto mayor será la indiferencia. Esto conducirá al alma engañada a llamar luz a las tinieblas y verdad al error.—Manuscrito 56, 1898, pp. 18.

Satanás está constantemente trabajando para conducir a los hombres a negar la luz. Hay apenas un paso desde el camino recto hasta la bifurcación, a la cual Satanás dirige el camino, y donde la luz es toda tinieblas y las tinieblas son luz. … Es una cosa peligrosa abrir el corazón a la incredulidad, porque aleja el Espíritu de Dios del corazón, y entran las sugestiones de Satanás. … Debemos … evitar la primera admisión de duda y de incredulidad.—Carta 104, 1894.

“Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Gálatas 6:7. Dios no destruye a ningún hombre. Cada hombre que sea destruido se destruirá a sí mismo. Cuando una persona rechaza las amonestaciones de la conciencia, siembra las semillas de la incredulidad, y éstas producen una segura cosecha.

“Ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía: comerán pues del fruto de su camino, y se hartarán de sus consejos. Porque el reposo de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los necios los echará a perder. Mas el que me oyere, habitará confiadamente, y vivirá reposado, sin temor del mal”. Proverbios 1:30-33.—Manuscrito 56, 1898.

DEVOCIONAL: NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN

Elena G. de White

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Devocional

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