20 de enero | Devocional: Alza tus ojos |  Cristo la única protección

«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia». Isaías 41: 10

SÉ QUE TODOS LOS QUE ESTÁN en el camino de la salvación tendrán que librar batallas contra Satanás; y sé también que él echará mano de toda artimaña para lograr sus propósitos, porque a través de ustedes puede afligimos, debilitar nuestro valor y colocarnos una carga de preocupación. Pero me hace feliz ver que todas las cartas que recibimos expresan la determinación de ustedes de seguir adelante y pelear «la buena batalla de la fe» (1 Tim. 6: 12). Todos ustedes afirman que aman a Jesús y que es su intención dedicar sus vidas a su servicio. ¡Trascendental decisión la suya!

Cuanto más preserven su integridad cristiana para conocer y comprender por sí mismos el camino de la vida y de la salvación, menos del molde mundanal se manifestará en ustedes. Cuanto más conozcan acerca de Jesús, mayor deseo tendrán de conocerlo y comprenderán mejor su ignorancia acerca de todo lo de valor eterno. Queremos tener el espíritu correcto, el espíritu que se deja instruir, el deseo de aprender en la escuela de Cristo lecciones de humildad y mansedumbre. El Maestro nos dice: «¡Pongan mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy sencillo y humilde de corazón! Así encontrarán descanso para su espíritu» (Mat. 11: 29-30, LPH). Cuando tratamos de llevar nuestras cargas por nosotros mismos y nos fabricamos nuestro propio yugo, este resulta penoso y la carga se vuelve pesada. Al adquirir la mansedumbre de Cristo las pequeñeces ya no nos irritan. Podemos poner todo nuestro entusiasmo en la labor, pero esto no es todo lo que necesitamos. Necesitamos la verdadera compasión cristiana. Necesitamos que nuestro ego y nuestros deseos se sumerjan en la voluntad de Cristo. Hemos de mantener la mirada fija en la gloria de Dios. Es preciso que conservemos el entusiasmo y que siempre lo hagamos todo para el honor y la gloria de nuestro Padre celestial.

La solidez de nuestros principios y la firmeza de nuestra lealtad serán puestas a prueba. Quisiera que todos pudieran ver, como yo lo he visto, las acciones astutas, sutiles y constantes de Satanás para tentamos y seducimos. Él siempre está alerta. Si tiene fácil acceso a las almas se debe a que no estamos suficientemente atentos a las advertencias que Dios hace. […] De ahí que muchos estén siempre invitando al enemigo a que los tiente. Caminan en forma tan descuidada que llegan a ser presa fácil; abren de par en par la ciudadela del alma, lo invitan a entrar, y se colocan en circunstancias en que serán entrampados. […]

Hemos de ser el pueblo que Dios planeó que fuéramos, absorbiendo los divinos rayos del Sol de justicia y difundiéndolos en medio de las tinieblas morales que cubren la tierra.— Carta 8a, 20 de enero de 1879, dirigida a Edson y Emma White.

 

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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