20 de enero 2019 | Devoción Matutina para Adultos | El reloj de Dios

 “Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo” (Marcos 13:35, 36).

El efecto de la Segunda Guerra Mundial y la preocupación por el uso de bombas atómicas motivaron a un grupo de científicos de la Universidad de Chicago a crear lo que fue llamado “El reloj del fin del mundo”. En ese símbolo, la medianoche representa el fin del planeta.

El lanzamiento de ese reloj fue en 1947, durante la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la ex Unión Soviética. En aquella ocasión, marcaba siete minutos para la medianoche. Desde entonces, se lo ha ido avanzando y retrocediendo en intervalos regulares, dependiendo de la situación mundial. En enero de 2017, fue cambiado de tres a dos minutos y treinta segundos: en enero de 2018 llegó a marcar dos minutos para la medianoche.

Lo que ese grupo de científicos ha hecho solamente amplía el mensaje profético. A fin de cuentas, Jesús ya hablaba del fin del mundo como a la medianoche, y Elena de White también decía: “La venida de Cristo se producirá, por así decirlo, a la medianoche” (Maranata: El Señor viene, p. 56). Antes de estos científicos. Dios ya tenía su propio reloj. ¿Qué hora estará marcando?

No conocemos ni el día ni la hora exactos (Mat. 25:13), pero podemos concluir con facilidad que, en la situación en que se encuentra el planeta, o Cristo regresa pronto o el mundo va a terminar de por sí. Ya no es meramente un tema profético, sino una cuestión de necesidad. Sin embargo, a pesar de todas las crisis y las tragedias, el mundo recién va a terminar en el momento en que el reloj de Dios lo indique. “Inadvertida como ladrón a medianoche, llegará la hora decisiva que marca el irrevocable destino de cada ser humano, el retiro final del ofrecimiento de misericordia dirigido a los culpables” (El conflicto de los siglos, p. 545). Jesús necesita intervenir y comenzar a escribir una nueva historia, desde el punto mismo en el que el pecado la interrumpió.

Podemos decir que ya “oímos los pasos de un Dios que se acerca” (Maranata: El Señor viene, p. 226), y con mucha más intensidad. El gran riesgo, sin embargo, es que nos acomodemos. Es muy peligroso creer que todo está normal, y no percibir la agitación de los vientos y la fuerza de las alertas.

No apartes tus ojos del Cielo, ni cambies la eternidad por lo que está a tu alrededor. Hoy es el día de preparación para que nuestra esperanza se concrete. Mañana puede ser muy tarde.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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