20 de abril 2019 | Devoción Matutina para Jóvenes | Fe

Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Juan 20:27.

Todos los que escuchaban la buena nueva creían, pero Tomás no. Cuando el Salvador fue al aposento alto, él no estaba presente, y al ser informado del milagro, no quiso creer (Juan 20:24,25).

El escepticismo era la tendencia de Tomás. Cuando el Maestro les dijo a los discípulos que iría a la casa del Padre y que ellos ya sabían el camino, Tomás replicó: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿como, pues, podemos saber el camino?” (Juan 14:5). Pero Tomás amaba al Maestro. Cuando les avisó que iban a ir a Judea, “le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?» (Juan 11:8). Pero Tomás dijo: “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (vers. 16).

Esta vez Tomás desafió el testimonio de sus hermanos y la profecía de su Maestro, quien había anunciado su muerte y su resurrección (Mat. 16:21), y declaró: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré» (Juan 20:25). Amaba a su Señor, pero permitía que los celos y la incredulidad lo dominaran.

Una noche, Tomás resolvió reunirse con los demás, y «llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros» (vers. 26). Volviéndose hacia Tomás dijo: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos: y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente» (vers. 27). Estas palabras demostraban que él conocía los pensamientos y las palabras de Tomás. Acosado por la duda, Tomás sabía que ninguno de sus compañeros había visto a Jesús desde hacía una semana. No podían haber hablado de su incredulidad al Maestro. Reconoció como su Señor al que tenía delante de sí. No deseaba otra prueba, y se echó a los pies de Jesús clamando: «¡Señor mío, y Dios mío!» (vers. 28). Jesús aceptó este reconocimiento, pero reprendió suavemente su incredulidad: «Porque me has visto, Tomás, creiste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (vers. 29) —basado en DTG 747,748.

Hoy, como entonces, Cristo se acerca a cada Tomás de nuestro tiempo y le dice: “Cree y vive”. Cree tú, y recibe la vida eterna.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2019

VOLANDO ALTO – VALORES

Lecturas devocionales para Jóvenes 2019

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