2 de noviembre 2021 | Devoción Matutina para Adultos 2021 | Con la perseverancia de un atleta

“Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente” (2 Timoteo 2:5).

PARA QUE UN ENTRENAMIENTO surta efecto es necesario respetar el principio de cargas progresivas. El deportista necesita un periodo de adaptación a cada nueva tabla de ejercicios.
Además, es fundamental empezar de menos a más, permitiendo al organismo la asimilación del trabajo realizado para evitar problemas de pasarse de forma o de lesiones producidas por la sobrecarga o la fatiga. Por otra parte, los entrenadores deben ayudar durante la ejecución del ejercicio, vigilando en todo momento la técnica del deportista para poder evitar lesiones.
Cada atleta presenta unas características peculiares para la realización del ejercicio. Para que el atleta consiga beneficiarse saludablemente del entrenamiento, este se debe apoyar en dos pilares: la preparación genérica de la capacidad física básica del deportista y el entrenamiento específico que desarrolle las cualidades físicas más empleadas en cada deporte.

Se requiere perseverancia en la formación
tanto del atleta como de su entrenador.
Esta misma perseverancia y persistencia
se requiere en la formación del discípulo.

El atleta que viola las reglas de la competencia es descalificado. El que se hunde es sus vicios e indisciplina pierde toda oportunidad.
Jim Thorpe (1887-1953) fue un atleta estadounidense que ganó medallas de oro olímpicas en las pruebas de pentatlón y decatlón, además de jugar al fútbol americano, béisbol y baloncesto a nivel universitario y profesional. Fue reconocido como el atleta más grande de la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos.
Perdió sus títulos olímpicos tras descubrirse que había cobrado por jugar en ligas menores de béisbol antes de competir en los Juegos Olímpicos. Su carrera deportiva profesional fue truncada y vivió sus años finales en la pobreza, sufriendo de alcoholismo crónico. En 1983, treinta años después de su muerte, el Comité Olímpico Internacional (COI) le devolvió sus títulos olímpicos. Para que la corona sea válida, la lucha tiene que ser legítima, conforme a las reglas.

Aquel que lucha legítimamente llega a la meta y es aplaudido como ganador.
“A plena vista de los espectadores, el juez le otorgaba los emblemas
de la victoria: una corona de laurel, y una palma que había de llevar
en la mano derecha. Se cantaba su alabanza por toda la tierra;
sus padres compartían su honor; y aun la ciudad donde vivía
era tenida en alta estima por haber producido tan grande atleta”
(Los hechos de los apóstoles, p. 250).
En breve, y a la vista del universo, el Juez
en su trono te otorgará la corona de la vida.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2021



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