2 de noviembre 2019 | Devoción Matutina para Adultos | Lugares de esperanza

 “Pronto, muy pronto, vendrá el que tiene que venir. No tardará” (Hebreos 10:37, DHH).

En el inicio de la obra adventista en América del Sur, los “protestantes herejes”, como eran llamados nuestros pioneros, no podían enterrar a sus familiares en los cementerios de la comunidad.

Por eso, en algunos lugares, nuestros hermanos tuvieron que ser enterrados en el terreno de la propia iglesia. De esa realidad nacieron los cementerios adventistas. En el territorio de la División Sudamericana todavía existen cinco.

Conozco bien algunos de ellos. En el cementerio adventista de Campos de los Quevedos, en el interior del Estado de Rio Grande do Sul, en el Brasil, está enterrado mi bisabuelo Henrique Kóhler. En el cementerio adventista de la Hacienda Passos, también en el sur del Brasil, están mis abuelos Julio Carlos Kóhler y Lidia Marquart Kóhler. Muchas veces estuve allí para escuchar las historias de hermanos fieles, familias dedicadas y dirigentes que legaron una importante contribución a la obra del Señor. Todos descansaron confiando en que “pronto, muy pronto, vendrá el que tiene que venir. No tardará” (Heb. 10:37, DHH).

Aunque vivía lejos, algunas veces viajé hasta el cementerio de Rolante con mi familia, para contarles algunas historias inspiradoras de personas que están enterradas en ese lugar. Al llevar a mis hijos conmigo, mi objetivo fue impactar la vida de ellos y mostrarles que nuestra esperanza no puede ser sepultada.

En el cementerio al lado de la primera iglesia adventista del Brasil, en Gaspar Alto, una placa confirma esta certeza de que, en breve, esos lugares tendrán mucho movimiento y serán testigos de reencuentros emocionantes. No solamente en ellos, sino en todos los sitios donde descansan los “muertos en Cristo” (1 Tes. 4:16).

La placa reproduce el siguiente texto de Elena de White: “La voz del Hijo de Dios llama a los santos dormidos. Dirige una mirada a las tumbas de los justos y, luego de levantar las manos al cielo, exclama: ‘¡Despiértense, despiértense, despiértense los que duermen en el polvo, y levántense!’ […] Santos ángeles llevan niñitos a los brazos de sus madres. Amigos, a quienes la muerte separó por largo tiempo, se reúnen para no separarse nunca más” (El conflicto de los siglos, pp. 702,703).

Nuestra esperanza no muere en el cementerio. ¡Jesús muy pronto volverá! Cuando ese día llegue, la muerte no podrá retener más a los salvos, y viviremos para siempre con el Señor en la compañía de nuestros amados y hermanos. Es solo un poquito más.

 

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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