2 de julio 2022 | Devoción Matutina para Adolescentes 2022 | Eso si que es un paseo espeluznante

«Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos. Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna» (Salmo 91: 11, 12, NVI).

¡Es un pájaro!» «¡Es un avión!» «No… es… eh, es… ¡un caimán!»
En este día de 1843, un caimán cayó del cielo durante una tormenta eléctrica en Charleston, Carolina del Sur. Nadie sabía con certeza cómo había llegado un caimán al cielo para caer del cielo. Obviamente, no cayó desde un
avión. Los aviones aún no se habían inventado. ¿Una cometa? No. Lo más probable es que el embudo de un tornado lo haya arremolinado en la atmósfera y luego lo haya soltado, y la pobre criatura mareada haya salido disparada hacia la tierra. Me lo imagino sacudiendo la cabeza, pensando: «¿Dónde estoy y por qué estoy dando vueltas?», antes de aterrizar de nuevo en tierra firme y dirigirse ebrio de nuevo hacia el agua, donde debía estar.
Hace muchos años, una niña llamada Freda vivía en una comunidad agrícola de los Estados Unidos y asistía a una pequeña escuela rural. Una tarde, su maestra observó que a lo lejos se cernían oscuros nubarrones y temió que se avecinara una fuerte tormenta. Con un ojo puesto en las nubes y otro en el reloj, la maestra esperaba que la tormenta pasara antes de que terminaran las clases, pero no fue así. Justo a la hora de salida, la tormenta estaba casi encima de ellos. La maestra pidió a los alumnos que se quedaran a esperar, porque corrían peligro si volvían
a casa andando. Todos estuvieron de acuerdo, menos Freda.
—Por favor, debe dejarme ir —suplicó—. Mi madre estará muy preocupada por mí. Correré muy rápido.
La maestra protestó, pero finalmente, en contra de su buen juicio, la dejó marchar. La niña no llevaba ni cinco minutos caminando cuando la tormenta azotó la escuela con toda su furia. Un terrible rugido como si fuera un tren pesado les indicó que se trataba de un tomado. La maestra ordenó a los niños que se pusieran a cubierto bajo sus pupitres, e imploró a Dios que cuidara de Freda.
Sin duda, el tornado la mataría. ¿Y Freda? Ella, sin saberlo, se metió en la trayectoria del tornado. En un instante, el tornado la levantó del suelo y la elevó hacia las nubes oscuras y arremolinadas. Luego, llevándola a través de campos y bosques, la dejó suavemente cerca de la puerta de su casa.
Un caimán. Una niña pequeña. Dios puede hacer cualquier cosa, ¿verdad?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2022



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