2 de enero | Devocional: Alza tus ojos | Hemos de reformarnos

«Pero ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación y, como fin, la vida eterna». Romanos 6: 22

Pablo sintió que los requisitos del Señor deben ser obedecidos y sus juicios evitados. Como él, debemos esforzamos al máximo para obtener la corona de la vida, que dará eterno honor a cada vencedor. No debemos contentamos con vivir vidas inútiles.

¿Qué es la humildad? Es ese sentimiento de pecaminosidad e indignidad que nos conduce al arrepentimiento. Necesitamos estar convencidos de la malignidad de una enfermedad antes de sentir la necesidad de ser curados. Aquellos que no captan la malignidad del pecado no están en condiciones de apreciar el valor de la expiación y la necesidad de ser limpiados de todo pecado. El pecador se autoevalúa comparándose consigo mismo y con lo que, como él, son pecadores. No se fija en la pureza y la santidad de Cristo. Pero, cuando la ley de Dios impone convicción a su corazón, dice con Pablo: «Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero al venir el mandamiento, el pecado revivió y yo morí» (Rom. 7: 9).

Dios creó a la humanidad para su gloria. No soportará, ni puede soportar, la presencia del pecado en sus dominios. Si en la iglesia hay quienes están pecando voluntariamente contra Dios, hay que echar mano de todo medio posible para llevarlos al arrepentimiento. Si no se hace esto se deshonra el nombre de Dios. Él es demasiado puro para aprobar la iniquidad. […]

El pecado de Adán puede que sea considerado por las iglesias de hoy como un simple error que debe ser perdonado y olvidado. La norma divina, sin embargo, es elevada, y la Palabra de Dios, inmutable. De ahí que todas las prácticas egoístas y codiciosas sean a su vista abominables. Los corazones de los creyentes necesitan ser purificados, santificados, refinados, ennoblecidos. (…)

Miren hacia lo alto, mis hermanos. ¿Ha perdido el evangelio su poder para impresionar los corazones? ¿Es acaso debido a que la influencia regeneradora del Espíritu de Cristo ha muerto, que los corazones no estén siendo purificados, santificados y renovados por el Espíritu Santo? No, la espada del Espíritu, la Palabra del Dios viviente, está todavía con nosotros; pero debe ser esgrimida con ahínco. Usémosla como lo hicieron en la antigüedad los santos de Dios. Mediante su poder vivo y vivificante se abrirá camino a los corazones. (…)

El Señor nos invita a realizar una reforma en nuestras vidas. (…) Cuando la iglesia despierte se producirán grandes cambios. Los hombres y las mujeres se convertirán y estarán de tal manera llenos del Espíritu de Dios que irán de país en país, de ciudad en ciudad, proclamando el mensaje de verdad. Con los corazones rebosando de ferviente amor por las almas abrirán sus Biblias y presentarán la Palabra, el «escrito está». Dondequiera vayan suscitarán un pueblo que pueda estar en pie en el día del Señor. La sencillez de estos humildes obreros será su fortaleza, porque los ángeles de Dios actúan con le» que son humildes y obedientes.— Manuscrito 2, 2 de enero de 1900, «La necesidad de una reforma».

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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