2 de enero del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | La primera misión

«No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta». (Romanos 12: 2).

En los planes de Dios estaba la perfección física, mental y espiritual de sus hijos, pero Adán y Eva desobedecieron y por eso todos hemos llegado a ser herederos del pecado. Sin embargo, no estamos sellados por el fracaso. El mal insiste en esa mentira. No aceptemos ese destino.
No existimos para la pequeñez. Crecer es nuestra primera misión. «Nuestro primer deber hacia Dios y nuestros semejantes es el desarrollo individual. […] Por tanto, está bien invertido el tiempo que se usa en la adquisición y la conservación de la salud física y mental» (Elena G. de White, Ser semejante a Jesús, pág. 292).
En la década de 1960, los neurocientíficos creían que el cerebro era un órgano estático, genéticamente programado. En las décadas de 1970 y 1980, por medio de experimentos llevados a cabo con animales, el investigador Michael Merzenich demostró que los circuitos neuronales y las sinapsis (los espacios que existen entre una neurona y otra célula) se reconfiguran rápidamente en función de la actividad que practicamos. Hoy se defiende que es posible, a lo largo de la vida, crear nuevos circuitos y conexiones neuronales en respuesta a pensamientos, estímulos y experiencias (neuroplasticidad). En 2013, Michael Merzenich publicó el libro Soft-Wired [Cableado blando]. en el que presenta estrategias para que las personas comunes asuman el control de los procesos de plasticidad cerebral, mejorando su calidad de vida.
Merzenich afirma que «cualquiera que sea la circunstancia inicial de la vida de un niño, y cualquiera que sea su historia o su estado actual, todo ser humano tiene el poder interno de cambiar para mejor, restaurarse significativamente y, muchas veces, recuperarse. Mañana, esa persona que ves en el espejo puede ser una persona más fuerte, más capaz, más viva, más poderosamente centrada y aún en crecimiento».
Dios nos pide que no nos amoldemos a este mundo. Nos invita a la transformación por medio de la renovación del pensar y del sentir, y nos da el poder y los medios para que podamos lograr tal fin. No hay excusa para permitir que las experiencias negativas del pasado nos derroten en el presente. Si aceptamos la transformación que quiere producir en nosotras la gracia divina, experimentaremos la plena voluntad de Dios, que incluye nuestra renovación para que podamos ser de mayor utilidad a nuestros semejantes.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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