2 de diciembre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | David Brainerd

Pero con respecto a los ángeles, Dios dice: “Él envía a sus ángeles como los vientos y a sus sirvientes como llamas de fuego”. Hebreos 1:7.

Hace aproximadamente 275 años, el territorio que comprende los Estados de Nueva Jersey y Pennsylvania era tierra salvaje habitada por indígenas, lobos, osos y venados. En la bifurcación del río Delaware, cerca de lo que hoy es Easton, Pennsylvania, existía un pequeño prado en el que había una cabaña de un colono.

Dentro de la habitación prácticamente vacía, una olla de avena hervía en el fuego, mientras que en una mesa rústica se hallaba un hombre joven que escribía a la luz de una vela. El hombre se detuvo un momento para mirar el fuego, luego introdujo la pluma en el recipiente con tinta y continuó escribiendo: “¡Qué no daría por ser una llama de fuego en el servicio de mi Dios!” El escritor era David Brainerd, misionero entre los indígenas.

¿Se sentía solo? Sí. Pasaba meses enteros sin ver a otra persona de su raza. ¿Era un hombre fuerte? No. Se debilitó al estar expuesto constantemente a las inclemencias del tiempo, la alimentación inadecuada y los sufrimientos propios de la vida de un pionero. Murió de tuberculosis antes de cumplir treinta años de edad.

¿Respondieron positivamente los indios? No, al principio. Hubo ocasiones en que pasaba el día entero sin comer, arrodillado en el bosque rogando a Dios que enviara su Santo Espíritu para cambiar el corazón de los aborígenes.

-¡Oh, Dios! -clamaba angustiado, con lágrimas en los ojos- ¡Estoy dispuesto a morir, si solo pudiera ser utilizado para promover tu Reino!

¿Y Dios contestó su oración? Sí. El 8 de agosto de 1745, después de más de dos años de trabajo y lágrimas, predicaba a un grupo numeroso de indígenas acerca del hijo pródigo. Repentinamente, pareciera que el poder de Dios vino como un gran viento, motivando a los indios a caer de rodillas.

“Oraban e imploraban la misericordia de Dios por toda la casa”, escribió más tarde. Los alcohólicos fueron transformados, el brujo fue salvado, y la asamblea entera se convirtió por el poder de Dios.

Cuando considero la forma en que Dios usó a David Brainerd, mi corazón clama: “¡Oh, Dios, permite que yo sea como una llama de fuego que traiga tu calor y amor a este mundo gélido!”

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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