2 de abril del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Gotas de sangre

«Pero como estaba angustiado, se puso a orar con más fervor y su sudor era como gotas de sangre que caían a tierra. (Lucas 22: 44).

Aquel día amaneció lluvioso y con viento. Pronto, un arcoíris adornó el paisaje.
Estábamos atravesando el Valle del Cedrón, junto al muro oriental de Jerusalén, que separa el monte del Templo y el de los Olivos. Este valle, donde antiguamente fluía agua, hoy está seco. En él hay un cementerio judío con muchas tumbas. El rey David, mientras huía de Absalón, lo cruzó a pie; y Jesús también pasó por él en varias ocasiones cuando viajaba entre Jerusalén y Betania.
Finalmente, llegamos al monte de los Olivos, donde se encuentra el huerto del Getsemaní, que en hebreo significa «prensa de aceite». Antiguamente, muchos olivos cubrían sus pendientes. En las cercanías de Jerusalén había muchos «getsemaníes» para prensar aceitunas, pero este huerto concreto es famoso porque en él sufrió Jesús gran agonía. Caminando silenciosamente alrededor de los olivos, medité en los momentos que antecedieron a la crucifixión del Salvador.
Todo sucedió en una noche de luna llena. Jesús y sus discípulos caminaban lentamente desde el Valle del Cedrón hasta el monte de los Olivos. Cuando llegaron al huerto del Getsemaní, Jesús permaneció en silencio. En ese lugar había orado y meditado muchas veces y, con tristeza inexpresable, ahora sintió que había llegado la hora de la separación que el pecado produce entre Dios y el hombre. ¿Lograría soportar esa sentencia divina?
Los discípulos nunca habían visto a Jesús angustiado. Cada paso suponía para él mucho esfuerzo. Gemía en voz alta. Dos veces, los discípulos lo sostuvieron para que no se cayera. Confusos e inconversos, no entendían nada. Se quedaron dormidos, dejándolo a solas con su dolor.
A una pequeña distancia de ellos, Jesús se postró en tierra. Rehén de nuestras culpas y bajo la mira de la justicia divina, temblaba ante el pensamiento de no poder resistir el enfrentamiento decisivo. Si eso sucedía, el enemigo de las almas vencería. La tentación era dura: «Aquellos que viniste a salvar te rechazarán, te negarán y te traicionarán. ¡Desiste del intento!». Jesús decidió ir a despertar a sus amigos para que lo ayudaran en su hora de prueba, pero ellos volvieron a quedarse dormidos. Aun cuando él estaba agonizando, no los reprendió. Volviendo al lugar de angustia, vertió sudor en forma de grandes gotas de sangre (ver Lucas 22: 44). La naturaleza cubría su cuerpo con el rocío de la noche, como si llorara sobre él.
Así se cumplía la profecía. Él sería molido por nuestras transgresiones; su castigo nos traería paz y salvación de la muerte eterna. ¡Piensa en todo lo que Jesús pasó por ti!

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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