19 de septiembre | Una religión radiante | Elena G. de White | Júbilo por la llegada del Rey

«¡Alégrate mucho, hija de Sion! ¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, pero humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna». Zacarías 9: 9

Cuando Jesús entró triunfalmente en Jerusalén, sus discípulos creían que estaba a punto de restaurar el trono de David y de libertar a Israel de sus opresores. Llenos de esperanza y de gozo anticipado rivalizaban unos con otros en tributar honores a su Rey. Muchos tendían sus túnicas como alfombra en su camino, y esparcían ante él grandes palmas. En su gozo y entusiasmo unían sus voces a la alegre aclamación: «¡Hosana al Hijo de David!» (Mat. 21: 9).— El conflicto de los siglos, cap. 23, pp. 400-401.
A medida que avanzaba, la multitud aumentaba continuamente con aquellos que se habían enterado de la llegada de Jesús y se apresuraban a unirse al jubiloso cortejo. Los curiosos se iban mezclando con la muchedumbre, y preguntaban: «¿Quién es este? ¿Qué significa toda esta conmoción?». […] Esas voces son acalladas por un clamor de triunfo. Es muchas veces repetido con entusiasmo por la muchedumbre; es recogido por el pueblo a gran distancia, y repercute en las colinas y los valles circunvecinos. Y ahora ese singular cortejo es engrosada por las muchedumbres de Jerusalén. De las multitudes reunidas para asistir a la Pascuá, miles salen para dar la bienvenida a Jesús. Lo saludan agitando palmas y prorrumpiendo en jubilosos cánticos — El Deseado de todas las’gentes, cap. 63, p. 539.

«¡Hosana al Hijo de David!¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!¡Hosana en las alturas!». Mateo 21:9

DEVOCIONAL ADVENTISTA
UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristiana feliz
Elena G. de White

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