19 de Octubre | Una religión radiante | Elena G. de White | Alegría por un hijo único y muy especial

«Pero el ángel le dijo: “¡No tengas miedo, Zacarías! Dios ha escuchado tus oraciones. Tu esposa Isabel tendrá un hijo, y lo llamarás Juan. Su nacimiento te va a hacer muy feliz, y muchos también se alegrarán”». Lucas 1:-13-14, TLA

DE ENTRE LOS FIELES ISRAELITAS que durante largo tiempo habían esperado el advenimiento del Mesías, surgió el precursor de Cristo. El anciano sacerdote Zacarías y su esposa Elisabet eran «justos delante de Dios» (Luc. 1: 6) y en su vida tranquila y santa, la luz de la fe resplandecía como una estrella en medio de las tinieblas de aquellos aciagos días. A esta consagrada pareja le fue prometido un hijo, que iría «delante de la presencia del Señor para preparar sus caminos» (vers. 76).
Zacarías habitaba en «la región montañosa de Judea» (vers. 39, NVI), pero había subido a Jerusalén para servir en el templo durante una semana, según se requería dos veces al año de los sacerdotes de cada tumo. «Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios, según el orden de su clase, le tocó en suerte entrar, conforme a la costumbre del sacerdocio, en el santuario del Señor para ofrecer el incienso» (vers. 8-9). Estaba de pie delante del altar de oro en el Lugar Santo del santuario. La nube de incienso ascendía delante de Dios con las oraciones de Israel. De repente, sintió una presencia divina. Un ángel del Señor estaba «de pie a la derecha del altar» (vers. 11). La posición del ángel era una indicación de favor, pero Zacarías no se percató de esto. Durante muchos años, Zacarías había orado por la venida del Redentor; y ahora el cielo le había mandado su mensajero para anunciarle que sus oraciones iban a ser contestadas. No obstante, la misericordia de Dios le parecía demasiado grande para creer en ella. Se sentía lleno de temor y condenación propia.
Pero fue saludado con la gozosa seguridad: «Zacarías, no temas, porque tu oración ha sido oída y tu mujer Elisabet dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán por su nacimiento, porque será grande delante de Dios, […] y será lleno del Espíritu Santo» (vers. 13-15).— El Deseado de todas las gentes, cap. 10, pp. 75-76.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristiana feliz
Elena G. de White

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