19 de octubre | Devocional: Conflicto y Valor | La fe tiene que ser personal

Lucas 8:41-48.

Porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva. Mateo 9:21.

Era una pobre mujer la que pronunció estas palabras, una mujer que por espacio de doce años venía padeciendo una enfermedad que le amargaba la vida. Había gastado ya todos sus recursos en médicos y medicinas, y estaba desahuciada. Pero al oír hablar del gran Médico, renacióle la esperanza… Ella había procurado en vano una y otra vez acercarse a él.—El Ministerio de Curación, 38.

Había empezado a desesperarse, cuando, mientras él se abría paso por entre la multitud, llegó cerca de donde ella se encontraba… Pero entre la confusión no podía hablarle, ni lograr más que vislumbrar de paso su figura. Con temor de perder su única oportunidad de alivio, se adelantó con esfuerzo, diciéndose: “Si tocare tan solamente su vestido, seré salva”. Y mientras él pasaba, ella extendió la mano y alcanzó a tocar apenas el borde de su manto; pero en aquel momento supo que había quedado sana. En aquel toque se concentró la fe de su vida, e instantáneamente su dolor y debilidad fueron reemplazados por el vigor de la perfecta salud.

Con corazón agradecido, trató entonces de retirarse de la muchedumbre; pero de repente Jesús se detuvo… El Salvador podía distinguir el toque de la fe del contacto casual de la muchedumbre desprevenida. Una confianza tal no debía pasar sin comentario… Hallando que era vano tratar de ocultarse, ella se adelantó temblorosa, y se echó a los pies de Jesús. Con lágrimas de agradecimiento, relató la historia de sus sufrimientos y cómo había hallado alivio. Jesús le dijo amablemente: “Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz”. El no dio oportunidad a que la superstición proclamase que había una virtud sanadora en el mero acto de tocar sus vestidos. No era mediante el contacto exterior con él, sino por medio de la fe que se aferraba a su poder divino, como se había realizado la curación…

Así es también en las cosas espirituales. El hablar de religión de una manera casual, el orar sin hambre del alma ni fe viviente, no vale nada. Una fe nominal en Cristo, que le acepta simplemente como Salvador del mundo, no puede traer sanidad al alma… No es suficiente creer acerca de Cristo; debemos creer en él; la única fe que nos beneficiará es la que le acepta a él como Salvador personal; que  nos pone en posesión de sus méritos. El Deseado de Todas las Gentes, 311-313.

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White

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Devocional

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