19 de octubre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Carlos Horacio Mayo

 

¿Acaso nunca han oído? ¿Nunca han entendido? El Señor es el Dios eterno, el Creador de toda la tierra. Él nunca se debilita ni se cansa; nadie puede medir la profundidad de su entendimiento. Isaías 40:28.

 

Cierta vez, en su adolescencia, Carlos Horacio Mayo observaba a su padre cómo preparaba a un paciente para cirugía. La mesa de operaciones era el sofá de la casa. El anestesista estaba a la cabecera del paciente. Al lado de él se encontraba William, el hermano mayor de Carlos, cuya tarea consistía en mantener los instrumentos en orden y pasárselos a su padre rápidamente.

-Estamos listos para comenzar -anunció el Dr. Mayo.

El médico asistente vertió cloroformo, gota a gota, en una gasa que estaba adherida a la nariz de la mujer.

-Voy a hacer la incisión en este momento -dijo el doctor Mayo-, En cuanto veas que empieza a moverse la paciente, viértele unas gotas más de cloroformo.

El Dr. Mayo cortó cuidadosamente a lo largo del abdomen de la mujer. Rápida y hábilmente apretó los vasos sanguíneos alrededor de un tumor inmenso, y comenzó a removerlo. Esto era más de lo que podía soportar el médico asistente, quien cayó al piso inconsciente.

-Carlos, ven a sustituirlo.

Pasando por encima del anestesista, Carlos tomó su lugar en la cabecera del paciente. Al ver el menor movimiento, agregaba unas gotitas más de cloroformo a la gasa.

El anestesista despertó cuando el Dr. Mayo suturaba la incisión.

-Lo siento mucho, doctor -se disculpó.

-No eres la primera persona que se desmaya al ver sangre -le respondió amablemente el doctor.

-Pero soy médico. Me avergüenza no haberme comportado tan bien como su hijo adolescente-. Aquel hijo adolescente llegó a ser el Dr. Carlos Mayo, quien efectuó cientos de cirugías en su clínica de Rochester, Minnesota.

De haber estado allí, ¿te habrías desmayado? La sangre es solo una de las cosas que desmayan a la gente. Algunos le temen al dolor. Otros temen una situación. Muchos se desmayan de calor y de hambre. Otros más se desploman de un susto repentino. Sin embargo, no existe nada que pueda desmayar a Dios. Aun cuando te sientas débil y atemorizado, él no. El mundo entero no se desmorona porque tú te sientas mal; puedes contar con el Dios eterno.

 

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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