19 de febrero | Devocional: Exaltad a Jesús | Nuestra fuerza vital, exaltad a Jesús como el Creador

Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. Génesis 5:5.

El libro de Génesis ofrece un relato bastante definido de la vida social e individual; sin embargo, en él no tenemos ningún registro de un niño que hubiera nacido… ciego, sordo, cojo, deforme, o imbécil. Tampoco se registra ningún caso de muerte natural durante la infancia, la niñez o la juventud. No se mencionan hombres ni mujeres que murieran debido a enfermedades. Las notas necrológicas del libro de Génesis rezan de este modo: “Y fueron todos los días que vivió Adán 930 años; y murió”. “Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió”. Al referirse a otras personas, el registro declara: vivió hasta llegar a una edad avanzada; y murió. Era tan raro que un hijo muriera antes que su padre, que al ocurrir este hecho se consideró digno de mención: “Y murió Arán antes que su padre Taré”. Génesis 11:28. Antes de morir, Arán ya era padre de familia.

Dios dotó a los seres humanos con una vitalidad tan grande que ha podido soportar la acumulación de las enfermedades acarreadas sobre la raza como consecuencia de los hábitos pervertidos, y ha continuado durante seis mil años. Para nosotros este solo hecho es suficiente para mostrarnos la fuerza y la energía eléctrica que Dios concedió al hombre al momento de crearlo. Tuvieron que transcurrir más de dos mil años de crimen e indulgencia de las bajas pasiones para que las enfermedades físicas hicieran presa de la raza humana en forma significativa. Si al ser creado, Adán no hubiera sido dotado de una fuerza vital veinte veces mayor de la que el hombre posee actualmente, la raza, con todos sus hábitos actuales de vivir en violación de la ley natural, ya se habría extinguido. En tiempos de la primera venida de Cristo la raza humana se había degenerado tan rápidamente que sobre aquella generación pesaba una acumulación de enfermedades que habían acarreado una ola de sufrimiento y un peso de miseria inexpresables…

Dios no creó a la raza humana en su condición acutal de debilidad. Este estado de cosas no es la obra de la Providencia, sino el trabajo del hombre; se ha producido debido a abusos y malos hábitos, a causa de la violación de las leyes que Dios elaboró para gobernar la existencia de los seres humanos. Debido a la tentación de complacer el apetito, al principio Adán y Eva cayeron de su estado tan elevado, santo y feliz. Y la raza humana se ha debilitado a causa de la misma tentación. Han permitido que los apetitos y las pasiones se apoderaran del trono, y mantuvieran bajo sujeción a la razón y el intelecto…

Es sorprendente la extraña ausencia de principios que caracteriza a esta generación, que se demuestra en el desinterés manifestado por las leyes de la vida y la salud. Prevalece la ignorancia acerca de este tema, mientras la luz brilla alrededor de ellos. Junto con la mayoría, su preocupación principal es: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Y con qué nos vestiremos?… ¡Qué tremendo contraste [59] existe entre esta generación y los que vivieron durante los primeros dos mil años!—Testimonies for the Church 3:138-141.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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