19 de febrero | Devocional: Alza tus ojos | Recibiendo su justicia

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios». Efesios 2: 8

Si por haber transgredido la ley de Dios «alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo» (1 Juan 2: 1). Las puertas están abiertas para que todos nos preparemos para la segunda venida de Jesucristo, de tal manera que en su aparición podamos ser vindicados por haber abandonado todo pecado y vencido por la sangre purificadora de Cristo. Mediante la intercesión de Jesús la imagen de Dios se renueva en la mente, el corazón y el carácter. Mediante la sangre del unigénito Hijo de Dios podemos obtener redención. […]

Estamos en este mundo para honrar a Dios, y debemos apartamos de toda estratagema que de alguna manera pudiera tentamos a deshonrar a nuestro Redentor. En Cristo tenemos el modelo de toda j usticia. Él se ha comprometido a ser nuestro guía, nuestro protector, nuestro conductor. […]

Hemos violado la ley de Dios. Así que nuestra única esperanza de salvación radica en el hecho de que «Cristo mismo llevó nuestros pecadas en su cuerpo sobre la cruz, para que nosotros muramos al pecado y vivamos una vida de rectitud. Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados» (1 Ped. 2: 24, DHH). Ofreció un sacrificio completo, y por la ofrenda de sí mismo hizo posible que vivamos en obediencia a los requerimientos divinos. […] Tenemos que llegar a ser sus más leales súbditos, con una religión pura y no contaminada, dependiendo del gran principio único: «Por gracia sois salvos por medio de la fe» (Efe. 2:8). […] Ruego a todos que se pongan en marcha y actúen en el temor de Dios. Satanás está siempre tratando que las pobres almas que han perdido el norte lleguen a la firme determinación de actuar como les plazca. Debemos estar donde reflejemos la luz. […]

La gracia de Dios es inconmensurable, y quienes traten de acercarse cada vez más a Cristo no serán chasqueados. Lograremos la victoria si nos acercamos a Dios y nos humillamos delante de él. Al hacerlo, recordemos que somos «herederos de Dios y coherederos con Cristo», y que hemos de llegar a ser «partícipes de la naturaleza divina» (Rom. 8: 17; 2 Ped. 1:4, RVC).

Digo a todos, que nadie albergue un pensamiento o sentimiento impío. El poder de la gracia de Cristo es tremendo. Cuando el enemigo viene arrasando torrencialmente, el Espíritu del Señor enarbola el estandarte contra él en favor del creyente que confía. Oren, hermanos y hermanas, oren por ustedes mismos. El amor y la gracia de Cristo sobrepasan en mucho nuestras limitadas concepciones. Rueguen —como si sus vidas físicas estuvieran en peligro— ser purificados de todo lo que contamina. Revístanse de Cristo en su comportamiento y muestren interés y abnegada compasión por todas las almas. Hemos de interiorizar el divino amor redentor y esforzamos por conocer al Señor de tal manera que con sencillez podamos revelar su carácter.— Carta 72, 19 de febrero de 1906, dirigida al hermano Farnsworth y su esposa.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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