19 de enero | Devocional: Ser Semejante a Jesús | Oración que lleva a la reforma

Si se humillare mi pueblo sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. 2 Crónicas 7:14.

En la oración profética que elevara al dedicar el templo, cuyos servicios Ezequías y sus asociados estaban restableciendo, Salomón se había expresado así: “Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra ti, y se volvieren a ti y confesaren tu nombre, y oraren y suplicaren en esta casa, tú oirás en los cielos y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus padres”. 1 Reyes 8:33, 34.
Esta oración había recibido el sello de la aprobación divina; porque a su conclusión descendió fuego del cielo para consumir el holocausto y los sacrificios, y la gloria del Señor llenó el templo ver. 2 Crónicas 7:1. Y de noche el Señor apareció a Salomón para decirle que su oración había sido oída, y que su misericordia se manifestaría hacia los que le adoraran allí…
Durante muchos años la Pascua no había sido observada como fiesta nacional.
La división del reino, al finalizar el reinado de Salomón, había hecho difícil esa celebración. Pero los terribles castigos que estaban cayendo sobre las diez tribus despertaban en el corazón de algunos un deseo de cosas mejores; y se notaba el efecto que tenían los mensajes conmovedores de los profetas… Los impenitentes se apartaban con liviandad; pero algunos, deseosos de buscar a Dios y de obtener un conocimiento más claro de su voluntad, “se humillaron, y vinieron a Jerusalén”. 2 Crónicas 30:10, 11.—La Historia de Profetas y Reyes, 248, 249.
Sólo había un remedio para el castigado Israel, y consistía en que se apartase de los pecados que habían traído sobre él la mano castigadora del Todopoderoso, y que se volviese al Señor de todo su corazón. Se le había hecho esta promesa: “Si yo cerrara los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. 2 Crónicas 7:13, 14. Con el fin de obtener este resultado bienaventurado, Dios continuaba privándolos de rocío y lluvia hasta que se produjese una reforma decidida.—La Historia de Profetas y Reyes, 92.

DEVOCIONAL SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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