19 de diciembre | Devocional: Alza tus ojos | El don que Cristo desea

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Romanos 12:1.

Antes que concluya el año, ¿no quisiera cada uno despojarse del viejo hombre con sus hechos, y revestirse del nuevo hombre, Cristo Jesús? Que no haya una preocupación ambiciosa y desmedida por comprar regalos para Navidad y Año Nuevo. Los pequeños regalos para los niños pueden no estar fuera de lugar, pero el pueblo del Señor no debiera gastar su dinero en comprar regalos costosos.

Cristo demanda el más grande de todos los dones: el don del corazón, de la mente, del alma, de las fuerzas… Dios requiere el servicio de un corazón indiviso. Los que se coloquen en una relación correcta con Dios soportarán la prueba del juicio. Si se considera que el corazón, la mente, el alma y las fuerzas son herencia comprada con la sangre del Señor, El los usará en su servicio. Los que obtienen la vida eterna deben dar evidencia al mundo de que aman al Señor con todas las capacidades que El les ha dado. Deben obedecer los dos mandamientos supremos que abarcan la totalidad de la ley, demostrando por su conducta que son hacedores de ella…

El alma aparentemente débil, que con espíritu contrito y confiado acepta lo que Dios dice, y sintiendo su indignidad pide ayuda, recibirá gracia para ganar victoria tras victoria y obtener el eterno peso de gloria en la vida futura. El Señor Jesucristo, el unigénito Hijo del Padre, es verdaderamente Dios en infinitud, aunque no en personalidad. El forjó la justicia que capacita a los seres humanos para vencer cada asalto de Satanás. Imputará su justicia al creyente santo que camine como lo hizo El cuando estuvo sobre la tierra.

El Príncipe del cielo, Cristo, se hizo siervo y aceptó que los seres humanos fueran obreros conjuntamente con El. Declara: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28:20. Nadie que camine con toda humildad dejará de aprender de Cristo las lecciones que El dio para que todos las aprendamos. Estamos seguros mientras nos esforzamos por obtener la victoria, luchando como vencedores con un amor profundo y ferviente por Dios y por los demás…

El Señor hará que toda alma que cree en Jesús forme un carácter idóneo para las mansiones que Cristo ha ido a preparar para aquellos que en esta vida guardan los mandamientos de Dios. Se está preparando un reino mejor para todos los que son fieles, probados y santificados, los que viven constantemente sobre la base del plan de la adición, añadiendo virtud a la virtud y gracia a la gracia.—Manuscrito 116, del 19 de diciembre de 1905, “Una consagración total”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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