19 de agosto | Devocional: Alza tus ojos | Seamos vencedores aquí

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Apocalipsis 21:7.

Si quitamos la vista del yo y mantenemos una correcta relación con Dios, manifestaremos una paciencia y una amabilidad que nos convertirán en una bendición para todos aquellos con quienes nos relacionemos. Necesitamos mantener una buena comunicación con el Señor, pues no estamos seguros a menos que nos coloquemos bajo el amplio escudo de la Omnipotencia. Sólo allí puede realizar el Señor, por medio de nosotros, el querer y el hacer su buena voluntad, en tanto obramos nuestra salvación con temor y temblor…

Muchos necesitamos una comprensión más clara de lo que significa ser vencedor por la sangre del Cordero y por la palabra de nuestro testimonio. Es menester que aprendamos, a medida que progresemos en el conocimiento del Señor, que su salida está preparada como la mañana. Ustedes han observado la salida del sol y su gradual amanecer sobre la tierra. Poco a poco la claridad aumenta, hasta que el sol aparece. Luego, creciendo constantemente, haciéndose cada vez más fuerte, se intensifica hasta que tenemos la gloria plena del día. Esta preparación de la mañana constituye una hermosa ilustración de lo que Dios desea hacer por nosotros en cuanto al perfeccionamiento de nuestra experiencia cristiana. No podemos realizar una obra casual en este mundo. Estamos procurando una vida que se mida con la vida de Dios. Y no podemos cometer errores que darán a otros un mal ejemplo.

Es necesario que mantengamos siempre ante nosotros el rumbo que Cristo siguió. Fue un camino victorioso. Cuando el diablo vino a El en el desierto pidiéndole que ordenara a las piedras que se hicieran pan para poder saciar su hambre, el Salvador, aunque desfalleciente por la falta de alimentos, se negó a llevar a cabo su sugerencia… Era disposición de Dios que El pasara por esa experiencia, para que pudiera conmoverse ante los sentimientos del hambriento y supiera compadecerse de los que estaban sufriendo y padeciendo necesidades…

Así como el enemigo trabajó para derrotar al Salvador, trabajará hoy con la familia humana. Pero en todo momento de tribulación y dificultad recuerden que Cristo gustó experiencias similares y salió de cada prueba sin mancha de pecado en su carácter. Vino a demostrar lo que cada miembro de la humanidad puede llegar a ser por medio de su gracia. El comprende cada contrariedad que debemos enfrentar y está listo para fortalecer a los que luchan junto a El contra los poderes del mal. Quiere oír y responder sus oraciones.

Cuando hayamos ganado el cielo y atravesemos las puertas de la ciudad de Dios para escuchar las palabras: “Bien, buen siervo y fiel, entra en el gozo de tu Señor”, cuán insignificantes nos parecerán las pruebas y dificultades que estorbaron nuestro sendero aquí.—Manuscrito 17, del 19 de agosto de 1911, sermón predicado en Long Beach,  California.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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