18 de octubre | Devocional: Alza tus ojos | Nuestro ejemplo en el trabajo por los demás

Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Juan 9:4.

Los años pasan rápidamente, llevándose consigo sus registros a la eternidad. Donde vean que hay una obra que realizar, trabajen de la mejor manera posible, tal como lo manda Cristo. Colóquense bajo la disciplina de Dios. El que profesa ser cristiano, y sin embargo actúa con el espíritu de un mundano, da testimonio de que es un discípulo falso…

Si el mensaje hubiera avanzado de acuerdo a las instrucciones del Señor, en el poder del Espíritu, miles habrían sido atraídos a la verdad… El Cielo ha de ser reflejado en el carácter del cristiano. Debemos trabajar como lo hizo Cristo. Nuestra causa debería estar mucho más avanzada de lo que está. Fue el plan de Dios que los que viven en tinieblas vieran gran luz… La obra de Cristo fue en progreso constante. Su vida ejemplifica cómo debemos trabajar. Permanentemente andaba haciendo el bien… Su paciencia era inagotable, su amor incontenible.

Debo entregar un mensaje a todos aquellos sobre quienes ha brillado la luz de la verdad. Deben esforzarse paciente y perseverantemente por los miles que están muriendo en sus pecados, como náufragos en una playa desierta. Todos los que comparten la gloria de Cristo, deben compartir su ministerio, ayudando a los pobres, a los débiles, a los desamparados. Obremos usando toda capacidad en el servicio del Señor y preciosos resultados seguirán, indudablemente, a los esfuerzos abnegados. Los obreros recibirán del Gran Maestro la más elevada de todas las educaciones.

Hablamos de una educación superior. La suprema educación es hacer de la vida de Cristo nuestro permanente libro de texto. Erradique todo orgullo, toda frivolidad, todo deseo de seguir las modas del mundo. Hemos de recibir de Cristo la más elevada educación posible, de modo que no conduzcamos a las almas por el sendero que Dios prohíbe. No debe haber límite para la perfección del ejemplo que hemos de dar a los incrédulos. Ninguna obra descuidada o negligente debe entrar en nuestra experiencia y preparación religiosas.

Los seres humanos no tienen derecho a pensar que hay límite para sus esfuerzos de salvar almas. Los que están verdaderamente convertidos comprenderán que nunca verán al Señor en su gloria a menos que formen un carácter que armonice con el de Jesús. Los indiferentes que no ponen sus pensamientos, palabras y acciones en conformidad con Cristo, jamás traspasarán los portales de la ciudad de Dios. Los esfuerzos realizados por el sincero amor hacia Cristo darán como resultado inestimables frutos. El Señor exhorta a su pueblo a comenzar la obra para la cual lo ha estado llamando desde el principio.—Carta 104, del 18 de octubre de 1910, al Hno. S. N. Haskell y Sra.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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