18 de octubre 2019 | Devoción Matutina para Adultos | Protegido por los ángeles

 “El Señor acampa alrededor de los que le temen, y los defiende” (Salmo 34:7).

El comienzo de la obra adventista en el Perú muestra, de manera clara, cómo el ángel del Señor va delante de aquellos que entregan la vida para servir en la causa de Dios. Los pioneros José y Liborio Osorio, provenientes de la República de Chile, llegaron al país en 1898. Desembarcaron en Moliendo para realizar una obra de sostén propio, pero fueron apresados y deportados. Años más tarde, José Luis Escobar, Víctor Thomann, y Luis y Víctor Osorio, con sus familias, se establecieron en la ciudad de Lima.

Sin embargo, fue la llegada de la familia Stahl lo que marcó una gran diferencia en el establecimiento de la obra en el país. Ellos viajaron en barco durante tres semanas, desde Nueva York hasta Moliendo, con siete cajas y un barril. Después, siguieron en tren hacia el lago Titicaca y lo atravesaron para trabajar en Bolivia. Algún tiempo después, retornaron al Perú y se instalaron entre los aimaras, en la región de Platería.

Ellos enfrentaron persecución, pobreza, dificultades de comunicación y varias enfermedades. A pesar de eso, siguieron adelante, usando el método de Cristo: cuidaban a los enfermos, establecían escuelas e iglesias y, entonces, presentaban el mensaje bíblico.

Cierto día, en Queñoani, un grupo de aproximadamente quinientos hombres armados con chicotes, piedras y pedazos de madera, instigados por líderes religiosos y autoridades, atacaron la cabaña en la que estaba la familia Stahl. Creían que sería una honra destruir a aquellos “herejes”.

Entonces, se escuchó un grito: “¡Pichantañani Catuñani!” [¡Agárrenlos y quémenlos!]. Pero, en lugar de acatar la orden, terminaron huyendo. Un indígena gritó: “Miren aquel gran ejército de indios armados que vienen a defenderlos”. Eran ángeles de Dios que, una vez más, protegían a sus hijos fieles.

Ellos tuvieron mucha fe y valor. Por eso, experimentaron intensos milagros. Dios siempre cumple lo que promete. Los que se exponen a riesgos y peligros en nombre del Señor nunca quedarán desamparados. Dios está con nosotros en todo tiempo y lugar.

Sobre este punto, Elena de White afirma: “Haciendo la obra de Cristo es como la iglesia tiene la promesa de su presencia” (El Deseado de todas las gentes, p. 765). Aunque haya quinientas personas cercando tu cabaña, una multitud enemiga enfurecida y todos los vientos soplen contra ti, cumple tu misión y sigue adelante. Quien hace la obra del Señor siempre será protegido por el Señor de la obra.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2019

NUESTRA ESPERANZA

Erton Kohler

Lecturas devocionales para Adultos 2019

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