18 de marzo | Devocional: Una religión radiante | Dios y el fruto de nuestro trabajo

«Entonces el Señor tu Dios te bendecirá con mucha prosperidad en todo el trabajo de tus manos y en el fruto de tu vientre, en las crías de tu ganado y en las cosechas de tus campos.
El Señor se complacerá de nuevo en tu bienestar, así como se deleitó en la prosperidad de tus antepasados». Deuteronomio 30: 9, NVI

EL QUE DIO DE COMER A LA MULTITUD con cínco panes y dos peces puede damos hoy el fruto de nuestro trabajo. El que dijo a los pescadores de Galilea: «Echen allí las redes para pescar» (Luc. 5: 4, NVI), y que al ellos obedecer las llenó hasta que se rompían, desea que su pueblo vea en ello una prueba de lo que él quiere hacer hoy por nosotros. El Dios que dio a los hijos de Israel en el desierto el maná del cielo aún vive y reina. El guiará a su pueblo, y le dará capacidad y entendimiento para la misión que está llamado a cumplir. Dará sabiduría a los que luchan por cumplir consciente e inteligentemente con su deber. El Dueño del mundo es rico en recursos, y bendecirá a todo aquel que procure beneficiar a los demás.
Necesitamos mirar hacia el cielo confiadamente. No deberíamos desalentamos ni por posibles fracasos ni por las dificultades. Debemos trabajar con energía, llenos de esperanza, agradecidos, con la certidumbre de que la tierra encierra en su seno ricos tesoros para que los almacene el obrero fiel, reservas más valiosas que el oro o la plata. Los montes y collados se alteran; la tierra se deteriora como ropa gastada; pero nunca faltará la bendición de Dios, que prepara banquete en el desierto para su pueblo.— El ministerio de curación, cap. 12, p. 128.

«Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito:
“Les dio a comer pan del cielo”». «Vuestros padres comieron el maná
en el desierto, y aun así murieron». «Este es el pan que descendió del cielo;
no como vuestros padres, que comieron el maná y murieron;
el que come este pan vivirá eternamente», Juan. 6: 31, 49, 58

UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristana feliz
Elena G. de White

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