18 de julio | Devocional: Alza tus ojos | La palabra de Dios en el centro de la vida

De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. Juan 6:53.

El Señor Jesús es su Redentor. ¿No apreciará el enorme sacrificio que El hizo por Ud.? Nadie tiene justificación alguna para apartarse de los principios bíblicos…

El que es sensible a la amonestación del Señor obrará su propia salvación con temor y temblor, sabiendo que es Dios quien está obrando en él el querer y el hacer por su buena voluntad. Cuando la verdad de Dios mora en el corazón, da lugar a que los principios de la Ley divina se lleven a la práctica diaria.

El que consiente en ser engañado es un hombre en cuyo corazón no mora la verdad. Ser cristiano ocasionalmente, ser devoto de vez en cuando, es una gran falacia, una mentira viviente. Dar una mirada esporádica a la Palabra de Dios no es suficiente. Una petición ocasional al trono de gracia, una formalidad de palabras, no proporciona el suministro de gracia que satisface la necesidad del alma. Para que la verdad de Dios regule la vida debe ser implantada en el corazón. Debe ser introducida en lo más profundo de la vida.

Llegará el día cuando Ud. verá que no es provechoso jugar con los intereses del alma dejando que se debilite, que se vuelva tan ineficaz que Cristo declare: “Ni eres frío ni caliente… Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Apocalipsis 3:15, 16. ¿Qué significa esto? Que El ya no presentará el nombre de tal persona ante su Padre.

Cristo vistió su divinidad de humanidad y vino a este mundo para llevar una vida sin mácula ni mancha de pecado, con el fin de que los seres humanos, al asirse de la Divinidad, pudieran ser partícipes de la naturaleza divina, escapando así de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia. Para quienes reciben a Cristo como Salvador personal se descorre el velo que oculta la gloria de Dios del discernimiento humano. Con los ojos de la fe contemplan las realidades eternas.

La Palabra de Dios ha de penetrar en la vida misma, “Yo soy el pan de vida”, afirma Cristo. “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero… El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. Juan 6:48, 53, 54, 63. Estudie todo el capítulo seis de Juan. Esfuércese, por consideración a su alma, para entenderlo.—Carta 253, del 18 de julio de 1904, dirigida a un veterano comerciante adventista en Battle Creek, Míchigan.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White



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Devocional

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