18 de febrero | Devocional: Una religión radiante | Se complace en su Hijo amado

«YJesús, después que fue bautizado, subió enseguida del agua, y en ese momento los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y se posaba sobre él. Y se oyó una voz de los cielos que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”». Mateo 3: 16-17

LAS PALABRAS DICHAS a Jesús a orillas del Jordán: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mat. 3: 17, RVC), abarcan a toda la humanidad. Dios le habló a Jesús como a nuestro representante.
A pesar de todos nuestros pecados y debilidades, no somos desechados como inútiles. Él «nos hizo aceptos en el Amado» (Efe. 1: 6). La gloria que descansó sobre Jesús es una garantía del amor de Dios por nosotros. Nos habla del poder de la oración, de cómo la voz humana puede llegar al oído de Dios, y ser aceptadas nuestras peticiones en los atrios celestiales.
Por el pecado, la tierra quedó separada del cielo y enajenada de su comunión; pero Jesús la ha vinculado otra vez con su ámbito glorioso. Su amor rodeó a la humanidad, y alcanzó el cielo más elevado. La luz que se derramó desde los portales abiertos del cielo sobre nuestro Salvador, se derramará también sobre nosotros cuando oremos para pedir ayuda con que resistir a la tentación. La voz que habló a Jesús le dice a toda alma creyente: «Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento» (Mat. 3: 17, JBS). — El Deseado de todas las gentes, cap. 11, pp. 90-91.
«El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Porque no sabemos orar como es debido, pero el Espíritu mismo ruega a Dios por nosotros, con gemidos que no pueden expresarse con palabras». Romanos 8: 26, DHH

UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristana feliz
Elena G. de White

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