18 de enero | Devocional: Alza tus ojos | Resistan al diablo

«Sométanse, pues, a Dios y resistan al diablo, que no tendrá más remedio que huir». Santiago 4: 7, LPH

A Eva le pareció que no tenía ninguna importancia tomar el fruto del árbol prohibido; pues era agradable a la vista y al paladar, y parecía deseable para alcanzar sabiduría. Pero ¡qué terribles fueron las consecuencias! No fue de poca importancia que ella perdiera su conexión con Dios. Aquello abrió las puertas de la desdicha para nuestro mundo. ¡Cuánto mal puede acarrear un paso en falso! Nuestros ojos no deben fijarse en la tierra, sino elevarse al cielo. Debemos pasar por peligros y dificultades, avanzando paso a paso, obteniendo victorias en cada conflicto, alcanzando cotas cada vez más altas; pues la atmósfera se va haciendo más pura conforme nos acercamos al cielo, y lo terrenal va perdiendo atracción. El panorama celestial se presenta con claridad y belleza. El cristiano ve la corona, el manto blanco, el arpa, la palma de victoria; la vida eterna está a su alcance; entonces la tierra desaparece de su vista. […]

Aunque perdamos todo lo demás, debiéramos mantener una conciencia limpia y sensible. Cuando se les pida que vayan donde haya el más pequeño peligro de ofender a Dios, o de hacer algo que no podrían hacer con limpia conciencia, no teman ni vacilen. Miren al tentador firmemente en el rostro y digan: «No; no pondré en peligro mi alma por ninguna atracción mundanal. Amo y temo a Dios. No me arriesgaré a deshonrarlo o desobedecerle por ningún bien mundanal, o por el favor o la aceptación de una hueste de amigos o parientes mundanos. Amo a Jesús que murió por mí. Me adquirió con su sangre. Aceptaré sus demandas y seré fiel en cumplirlas, y mi ejemplo nunca será una excusa para que alguien se aparte de la recta senda del deber. No seré siervo de Satanás y del pecado. Mi vida será tal como para que deje tras sí una brillante estela hacia el cielo».

Una sola palabra en favor de Dios, tan solo una firme y silenciosa resistencia salvará no solamente nuestra propia alma, sino también a centenares de otras. […]

Ha llegado el momento de que todos y cada uno de nosotros nos mantengamos firmes, o bien que capitulemos, de acuerdo con lo que hayamos decidido. Quizás nos digamos a nosotros mismos que unos pocos actos correctos, unos pocos buenos impulsos son una evidencia de rectitud; pero Dios requiere todo el corazón, no puede aceptar afectos divididos. Hemos de entregamos por completo al Señor, de lo contrario él no aceptará nuestro ofrecimiento.

Es necesario que aprendamos ahora las lecciones de fe para permanecer en pie en el tiempo de angustia que ha de venir sobre todo el mundo para probar a los que moran en la tierra. Es preciso que tengamos el valor de los héroes y la fe de los mártires.— Carta 14, 18 de enero de 1884, dirigida al «hermano y la hermana Newton», una familia de laicos.

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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