18 de enero del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | La facultad de elegir

«Hay un camino que al hombre le parece recto, pero acaba por ser camino de muerte» (Proverbios 14: 12).

La capacidad de tomar decisiones es el atributo más hermoso con el que fuimos dotados en la creación, pues nos convierte en seres libres, capaces de determinar nuestro propio destino. Dios no nos hizo robots, sino que nos dio una mente que tiene una organización jerárquica, de manera que la razón y la conciencia son las que controlan nuestros actos, nuestras emociones y nuestras relaciones interpersonales al darnos discernimiento para tomar buenas decisiones. Lamentablemente, el pecado distorsionó este orden jerárquico de la mente y el discernimiento humano quedó comprometido. Unas veces, únicamente la fría razón dirige nuestras decisiones, mientras que, otras veces, las dirige una conciencia enfermiza o nuestras emociones.
Hay decisiones que son fáciles de tomar, pero también hay decisiones que no son fáciles, pues nos obligan a salir de nuestra zona de confort, lo cual asociamos a miedo e inseguridad. El miedo a asumir responsabilidades, a tomar riesgos y a sufrir consecuencias negativas hace que muchas personas dejen que otros elijan por ellas. Sin embargo, solo llegamos a ser maduros e independientes en la medida en que tomamos decisiones y nos responsabilizamos de los riesgos y las consecuencias que puedan conllevar.
Nuestro cerebro realiza diversos procesos mentales, como la percepción, el aprendizaje, el pensamiento, la atención o la memoria. Los modelos que tuvimos, las creencias que nos inculcaron, nuestras convicciones y nuestros aprendizajes constantes, todos ellos son relevantes a la hora de tomar decisiones. ¿Verdad que sería mucho más fácil si pudiéramos programar el cerebro para que eligiera siempre lo mejor? Pero nuestra guía interna de lo que es correcto o incorrecto no siempre es certera por causa del pecado. Por eso necesitamos la sabiduría divina para cada decisión que tomamos. Algunas decisiones nos ponen frente a angustiantes encrucijadas, porque nuestra razón puede indicarnos un camino y Dios, otro. Tendremos que hacer morir nuestros deseos acariciados si queremos elegir lo mejor.
Andaremos por el camino de la vida si aceptamos siempre la dirección divina.
«Dios nos ha dado la facultad de elección; a nosotros nos toca ejercitarla. No podemos cambiar nuestros corazones ni dirigir nuestros pensamientos, impulsos y afectos. No podemos hacernos puros, propios para el servicio de Dios. Pero sí podemos escoger el servir a Dios; podemos entregarle nuestra voluntad, y entonces él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad» (Elena G. de White, El ministerio de curación, cap. 11, págs. 110-111).
¿Deseas ejercitar bien tu facultad de elección? Somete tu voluntad al Señor y ten la certeza de que cosecharás buenos frutos y de que no terminarás en amargo arrepentimiento.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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