18 de diciembre | Mi vida Hoy | Elena G. de White | La cena de bodas

Bienaventurados los que son llamados a la cena del Cordero. (Apoc. 22:2)

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la relación matrimonial se emplea para representar la unión tierna y sagrada que existe entre Cristo y su pueblo. En el pensar de Cristo, la alegría de las festividades de bodas señalaban el regocijo de aquel día en que él llevaría a la Esposa a la casa del Padre, y los redimidos juntamente con el Redentor se sentarían a la cena de las bodas del Cordero. El dice: «De la manera que el novio se regocija sobre la novia, así tu Dios se regocijará sobre ti.» «Ya no serás llamada Dejada,…sino que serás llamada Mi deleite,… porque Jehová se deleita en ti.» «Jehová… gozaráse sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cantar.» Cuando la visión de las cosas celestiales fue concedida a Juan el apóstol, escribió: «Y oí como la voz de una grande compañía, y como el ruido de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: Aleluya: porque reinó el Señor nuestro Dios Todopoderoso. Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha aparejado». “Bienaventurados los que son llamados a la cena del Cordero».
Jesús veía en toda alma un ser al cual debía llamarse a su reino. (DTG:124-125)
Después de recibir el reino, vendrá en su gloria, como Rey de reyes, y Señor de señores, para redimir a su pueblo, que «se sentará a la mesa con Abraham e Isaac y Jacob,» en su reino, para participar de la cena de las bodas del Cordero. (CS:479) (368)

DEVOCIONAL MI VIDA HOY
Reflexiones para cada día
Elena G. de White

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Devocional, Mi vida Hoy

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