18 de diciembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | La justicia de Dios

El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Juan 12:48.

“Los impíos reciben su recompensa en la tierra…. Algunos son destruidos como en un momento, mientras otros sufren muchos días. Todos son castigados ‘conforme a sus hechos.’ Habiendo sido cargados sobre Satanás los pecados de los justos, tiene éste que sufrir no sólo por su propia rebelión, sino también por todos los pecados que ha hecho cometer al pueblo de Dios. Su castigo debe ser mucho mayor que el de aquellos a quienes ha engañado. Después de haber perecido todos los que cayeron por sus seducciones, el diablo tiene que seguir viviendo y sufriendo…. Y un grito de adoración y triunfo sube de entre todo el universo leal. Se oye ‘como si fuese el estruendo de una gran multitud,’ ‘como si fuese el estruendo de muchas aguas, y como si fuese el estruendo de poderosos truenos,’ diciendo: ‘¡Aleluya; porque reina el Señor Dios, el Todopoderoso!’ … El fuego que consume a los impíos purifica la tierra. Desaparece todo rastro de la maldición. Ningún infierno que arda eternamente recordará a los redimidos las terribles consecuencias del pecado…. El propósito primitivo que tenía Dios al crear la tierra se cumple al convertirse ésta en la morada eterna de los redimidos. ‘Los justos heredarán la tierra, y habitarán para siempre en ella.’”—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 731-733.

“En las llamas purificadoras son finalmente destruidos los impíos…. La justicia de Dios ha sido satisfecha y los santos y toda la hueste angélica dicen en alta voz, Amén.”—The Story of Redem- ption, 429.*

 

DEVOCIONAL ADVENTISTA

LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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