18 de diciembre | Devocional: Alza tus ojos | Extirpen las malezas del jardín

Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? 2 Corintios 13:5.

Los cristianos son comisionados por Dios para velar por las almas que tendrán que dar cuenta de sus actos. Deben reprobar, reprender y exhortar con toda longanimidad…

Comunicar la Palabra de Dios con fidelidad es una obra de la mayor importancia. Pero esta obra es totalmente diferente de la de censurar, pensar el mal y distanciar las relaciones. Juzgar y reprobar con dos cosas diferentes. Dios colocó sobre sus siervos la obra de reprobar con amor a los que yerran, pero prohíbe y denuncia el juicio apresurado, tan común entre los profesos creyentes en la verdad…

Los que están trabajando para Dios debieran dejar a un lado toda crítica despiadada, y acercarse para estar unidos. Necesitan estudiar las enseñanzas del Señor acerca de esto. Cristo desea que sus soldados permanezcan hombro a hombro, unidos en la obra de pelear las batallas de la cruz. Desea que la unión entre los que trabajan para El sea tan estrecha como la unión que existe entre El y su Padre. Los que sientan el poder santificador del Espíritu Santo prestarán oído a las lecciones del Instructor divino, y mostrarán su sinceridad haciendo todo lo que esté en sus manos para trabajar en armonía con sus hermanos…

Los que tienen toda la razón para desconfiar de sus propios principios son los que están alertas para encontrar faltas en los demás. Si no hubiera alguna falencia en nuestra propia experiencia no seríamos tan suspicaces con nuestros hermanos. Es el individuo condenado por su conciencia el que está listo para juzgar. Tiemble cada uno y tema por sí mismo. Trate de ver si su propio corazón está en una correcta relación con Dios. Quite las malezas de su propio jardín. Encontrará suficiente como para mantenerlo activamente ocupado. Si realiza fielmente esta obra, no tendrá tiempo para encontrar faltas en el jardín de los demás. En vez de juzgarlos, juzguémonos a nosotros mismos. Asegurémonos de que estamos entre los que serán contados como “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo”. 1 Pedro 1:2. “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros, entrañablemente, de corazón puro”. Vers. 22.

Dios nos ha colocado en este mundo en mutuo compañerismo. Caminemos unidos en amor, dedicando nuestras energías a la obra de salvar almas. Al servir así a Dios en santa camaradería, comprobaremos que somos obreros juntamente con El.—Manuscrito 75a, del 18 de diciembre de 1900, “No juzguéis”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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