18 de agosto | Devocional: Exaltad a Jesús | Una atmósfera de esperanza y alegría

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Filipenses 4:4.

Al cristiano le es concedido el gozo de reunir rayos de luz eterna del trono de la gloria, y de reflejarlos no solamente en su propio sendero, sino sobre la senda de las personas con quienes se asocia. Al hablar palabras de esperanza y aliento, de alabanza agradecida y de bondad alegre, puede esforzarse por hacer mejores a quienes lo rodean, por elevarlos, por mostrarles el cielo y la gloria y por encima de todas las cosas terrenales, por guiarlos en la búsqueda de las realidades eternas, la herencia inmortal y las riquezas imperecederas.

“Regocijaos en el Señor siempre—dice el apóstol—. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” Dondequiera que vayamos, deberíamos llevar una atmósfera de esperanza y alegría cristianas; entonces los que se encuentran sin Cristo verán un atractivo en la religión que profesamos; los no creyentes observarán la consistencia de nuestra fe. Necesitamos tener una visión más clara del cielo, la tierra donde todo es gloria y felicidad. Necesitamos conocer más acerca de la plenitud de la bendita esperanza. Si constantemente nos estamos “regocijando en la esperanza”, seremos capaces de hablar palabras de estímulo a las personas con quienes nos encontrarnos. “La palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!” Proverbios 15:23. Las almas perecen debido a la falta de una labor personal.

Nosotros no hemos de glorificar a Dios únicamente mediante nuestra asociación diaria con creyentes y no creyentes, al hablarles a menudo con palabras de gratitud y regocijo. Como cristianos, se nos exhorta a no olvidar de congregamos como solemos, para nuestro propio refrigerio, y para impartir el consuelo que hemos recibido. Durante estas reuniones, celebradas semana tras semana, deberíamos hablar acerca de la bondad de Dios y de sus misericordias multiformes, además de su poder para salvarnos del pecado. Debemos testificar que el servicio de Dios es bueno, tanto por lo que hacemos como por medio de nuestro temperamento, palabras y carácter. De este modo proclamamos que “la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”. Salmos 19:7.

Nuestros cultos de oración y reuniones sociales deberían ser ocasiones de aliento y ayuda especial. Cada uno tiene una obra que hacer para que estas reuniones sean tan interesantes y provechosas como sea posible. La mejor forma de lograrlo consiste en tener una experiencia nueva cada día en las cosas de Dios, y en no tener temor de hablar acerca de su amor en las asambleas de su pueblo. Si ustedes no permiten que las tinieblas ni la incredulidad entren en sus corazones, tampoco se manifestarán en sus reuniones…

El valor del hombre se puede estimar a través del misterio y la gloria de la cruz; entonces uno puede darse cuenta y sentir la importancia de trabajar en favor de nuestros semejantes, para que sean exaltados hasta el trono de Dios.—The Southern Watchman, 7 de marzo de 1905.

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DEVOCIONAL: EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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