17 de Octubre | Una religión radiante | Elena G. de White | La alegría de los sabios

«Ellos, habiendo oído al rey, se fueron. Y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo». Mateo 2: 9-10

Los «MAGOS» DE ORIENTE ERAN FILÓSOFOS. Pertenecían a una clase encumbrada e influyente, que incluía hombres de noble alcurnia, que poseían gran parte de las riquezas y del saber de su nación. […] Mientras estudiaban los cielos poblados de estrellas, y trataban de escudriñar el misterio de sus brillantes derroteros, contemplaban la gloria del Creador.
Buscando un conocimiento más claro, se dirigieron a las Escrituras hebreas. En su propia tierra, se conservaban escritos proféticos que predecían la llegada de un maestro divino. Balaam era uno de aquellos «magos», aunque hubiera sido en un tiempo profeta de Dios. Por el Espíritu Santo había predicho la prosperidad de Israel y la aparición del Mesías, y sus profecías se habían transmitido por tradición a través de los siglos. Ahora bien, en el Antiguo Testamento, el advenimiento del Salvador se revelaba más claramente. Con gozo supieron los «magos» que su venida se acercaba, y que todo el mundo quedaría lleno del conocimiento de la gloria de Jehová.
Los «magos» habían visto una luz misteriosa en los cielos la noche en que la gloria de Dios inundó las colinas de Belén. Al desvanecerse aquella luz, apareció una estrella luminosa que permaneció en el cielo. […] ¿Podría haber sido enviada esta extraña estrella como precursora del Prometido? […] En sueños, recibieron la indicación de ir en busca del Príncipe recién nacido. […]
El viaje, aunque largo, fue para ellos muy feliz. Cuando llegaron a la tierra de Israel, y mientras bajaban del Monte de los Olivos, teniendo a Jerusalén a la vista, la estrella que los había guiado durante todo el camino se detuvo sobre el templo, y en un momento desapareció de su vista. Impacientes aceleraron el paso, suponiendo que el nacimiento del Mesías sería el motivo de todas la conversaciones. Preguntaron en vano al respecto. Entraron a la ciudad santa y se dirigieron hacia el templo, y para su gran asombro, no encontraron allí nadie que pareciera saber nada del recién nacido Rey. [,..]
Los «magos» salieron solos de Jerusalén. Las sombras de la noche iban cayendo cuando cruzaron las puertas de la ciudad, pero para gran gozo suyo volvieron a ver la estrella, y ella los encaminó hacia Belén.— El Deseado de todas las gentes, cap. 6, pp. 43-47.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristiana feliz
Elena G. de White

(195)

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