17 de Octubre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | No se puede seguir pecando

«Cualquiera que sea amigo de Jesucristo, y quiera mantenerse unido a él, no puede seguir pecando. El que peca, no conoce a Jesucristo ni lo entiende». 1 Juan 3: 6, TLA

UNA MERA PROFESIÓN DE SANTIDAD no tiene valor. El que mora en Cristo, ese es cristiano. Porque «todo el que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro» (1 Juan 3: 3). En todos los momentos, lugares y circunstancias nuestra juventud debe cooperar con Dios. La única forma en que una persona puede purificarse consiste en estar en armonía con Dios. ¿Cómo podemos conocer a Dios? Estudiando su Palabra. […]
Por la fe en Jesucristo el corazón acepta la verdad y el instrumento humano se purifica y se limpia. Jesús fue «herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por damos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados» (Isa. 53: 5).
¿Es posible ser curados mientras pecamos a sabiendas? No; es la fe genuina la que dice: «Sé que he pecado, pero también sé que Jesús me ha perdonado, y en adelante resistiré la tentación, con su poder y mediante él». «Y todo el que tiene esta esperanza en él», es decir, al morar en Cristo, «se purifica a sí mismo, así como él es puro» (1 Juan 3: 3); ya que alberga en lo más íntimo de su ser un principio permanente que lo capacita para vencer la tentación.
«Todo el que permanece unido a él, no sigue pecando» (1 Juan 3: 3, DHH). El Señor tiene poder para proteger a todo aquel que está en Cristo cuando ha cedido a la tentación. «Todo el que sigue pecando no lo conoce ni entiende quién es él» (vers. 6, NTV). Es decir, todo aquel que es verdadero creyente, se santifica por la verdad en vida y carácter.
«Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia», no el que profesa meramente hacerla, «es justo, como él es justo». «Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, […] porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo» (1 Juan 3: 7-10). Ahora fijémonos bien dónde se hace la distinción: «Cualquiera que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios». «Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad» (vers. 10, 18).— The Youth’s Instructor, 15 de febrero de 1894.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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