17 de octubre | Devocional: Alza tus ojos | ¿Aceptaron la invitación?

El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo. Mateo 22:2.

El Señor Dios ha provisto un banquete para toda la raza humana. Se representa en la parábola como una gran cena donde se provee una fiesta para cada alma. Todos los relacionados con esta cena pueden disfrutar del festín, que es el Evangelio. Esta fiesta está abierta a todos los que la reciban. Todos son invitados e instados a ir…

Quienes son partícipes de la fiesta de bodas, la fiesta del Evangelio, por medio de este hecho expresan que han aceptado a Cristo como su Salvador personal. Usan sus vestimentas distintivas. Han aceptado la verdad según es en Jesús, que es el manto de la Justicia de Cristo. Sólo glorifican a Cristo los que aceptan la invitación: “Venid pues todo está listo”, vengan a la cena de bodas del Cordero. Estos se ponen el lino blanco, el carácter limpio, puro, mostrando así que dejaron la senda del viejo hombre que vive en su ignorancia. Su lenguaje cambia. Su conversación es totalmente diferente…

Todos los que reciben la luz de la Palabra son altamente favorecidos. Esa Palabra es el Pan de Vida para quienes la comen. “En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños”. Lucas 10:21.

Los sacerdotes, escribas y gobernantes eran tan autosuficientes que no hacían caso a las palabras de Cristo. Fueron convencidos, su entendimiento fue persuadido, pero ellos no quisieron recibir al Enviado de Dios. Habían sido honrados con toda ventaja temporal y espiritual, pero Cristo consideró que rechazaban toda la misericordia, la compasión, la ternura y el amor que El había venido a traerles al mundo. Se apartaron de la luz y la evidencia que Cristo les había dado y despreciaron su misericordia. Los miró con vivo anhelo y dijo: “Sí, Padre, porque así te agradó”. Vers. 21. Se afligió porque el pueblo más favorecido sobre la faz de la tierra fuera precisamente el que negó y rechazó su ofrecimiento de vida eterna.

Debe haber un progreso constante de nuestra parte. La revelación del Padre al agente humano será tal que la mente pueda aferrarla y comprenderla. Todos los que prosigan resueltamente conociendo la verdad según es en Jesús sabrán que aun hay mucho que aprender. La expansión, el desarrollo, el aumento de la fe y la santidad nos proveerán experiencia en la vida religiosa, y esta es la ley de la vida cristiana.—Manuscrito 143,  del 17 de octubre de 1898, “La parábola de la fiesta de bodas”.

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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