17 de noviembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Bien armados y pertrechados

«Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza». Efesios 6:12-13, NVI

MANTENGAMOS NUESTRA CONFIANZA en Cristo en todas las circunstancias. El ha de ser todo para nosotros: el primero, el último y lo mejor en todo. Por consiguiente, eduquemos nuestra lengua para que exprese alabanzas a su nombre, no solamente cuando experimentemos alegría o regocijo, sino en todo momento y en todo caso.
Mantengamos nuestro corazón lleno de las promesas de Dios, para que podamos pronunciar palabras de consuelo y fortaleza a los demás. Así podremos aprender el idioma de los ángeles celestiales, que, si somos fieles, serán nuestros compañeros por los siglos sin fin. Cada día deberíamos progresar en perfección de carácter, y esto lo lograremos ciertamente si nos mantenemos enfocados en la meta. […]
En cada creyente luchan activamente dos poderes en procura de la victoria. La incredulidad ordena sus fuerzas, guiada por Satanás, para separamos de la Fuente de nuestra fortaleza. La fe ordena las suyas «con los ojos puestos en Jesús, origen y plenitud de nuestra fe» (Heb. 12: 2; LPH). El conflicto continúa minuto a minuto ante la vista del universo. Esta es una batalla cuerpo a cuerpo, y el gran interrogante es: ¿Quién obtendrá el dominio? Cada uno tiene que decidir por sí mismo este asunto. Todos hemos de tomar parte en esta lucha, peleando en un bando o en el otro. En este conflicto no hay tregua. […]
Se nos urge a preparamos para la acción: «Hermanos, busquen su fuerza en el Señor, en su poder irresistible. Protéjanse con toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan estar firmes contra los engaños del diablo». La advertencia se repite: «Por eso, tomen toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan resistir en el día malo y, después de haberse preparado bien, mantenerse firmes» (Efe. 6: 10-13, DHH).— The Youth’s Instructor, 10 de enero de 1901.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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