17 de julio | Devocional: Exaltad a Jesús | Gozo por un pecador que se arrepiente

Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. Lucas 15:7.

Jesús, el Hijo del Altísimo, está combatiendo las fuerzas de Satanás, el cual emplea toda estratagema posible para contrarrestar la obra de Dios. El alma humana es el premio por el cual contienden los poderes de la luz y las tinieblas. El buen Pastor anda en busca de su oveja perdida, ¡y qué abnegación, qué penurias, qué privaciones tiene que soportar! Los subpastores conocen algo del conflicto, pero es relativamente poco en comparación con lo que ha soportado el Pastor del rebaño. ¡Con cuánta compasión, cuánta tristeza, cuánta persistencia, busca a los perdidos! Cuán pocos se percatan de los esfuerzos desesperados que Satanás realiza con el propósito de derrotar al Pastor. Cuando el Pastor encuentra por fin a su oveja perdida, la toma gozosamente en sus brazos y la lleva sobre sus hombros de vuelta al redil. Entonces se pulsan las arpas del cielo y se canta un himno de alegría por el rescate de la oveja perdida y errante. “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento”. Lucas 15:7.

El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Una oveja perdida nunca encuentra por sí misma el camino de vuelta al redil. Si el pastor vigilante no la busca ni la salva continúa errante hasta que perece. ¡Qué formidable es esta representación del Salvador! Si no fuera porque Jesús, el buen Pastor, vino para buscar y salvar a los extraviados, todos habríamos perecido. Los fariseos enseñaban que no se salvaría nadie fuera del pueblo judío, y por eso trataban con desprecio a todas las demás nacionalidades. Pero Jesús atraía la atención de la gente despreciada por los fariseos, y los trataba con consideración y cortesía…

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. Este amor expresado en beneficio del hombre, manifestado en el don del unigénito Hijo de Dios, despertó en Satanás el odio más intenso, tanto hacia el Dador como hacia el Don inapreciable. Satanás había representado al Padre en una luz falsa ante el mundo, pero gracias al Don inefable de Dios, sus acusaciones se demostraron falsas, porque aquí se mostraba un amor sin paralelo, que ponía en claro el hecho de que el hombre sería redimido a un costo inconcebible. Satanás había tratado de destruir la imagen de Dios en el hombre para que cuando Dios viera la ruindad de éste, su perversidad, su degradación, se sintiera inclinado a considerarlo como un caso perdido. Pero el Señor dio a su Hijo unigénito para que el más pecador, el más degradado, no tuviera que perecer, sino que, mediante su fe en Jesucristo, pudiera ser rescatado, regenerado, y restaurado a la imagen de Dios, y de ese modo tener vida eterna.—The Signs of the Times, 20 de noviembre de 1893.

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DEVOCIONAL: EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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