17 de febrero | Devocional: Maranata: El Señor viene | La última vigilia

Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Marcos 13:35, 36.

Se me presentó otro grupo… Estos estaban esperando y velando. Sus ojos se dirigían al cielo, y las palabras de su Maestro brotaban de sus labios: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad”. Marcos 13:37… El Señor sugiere que habrá una demora antes que finalmente amanezca. Pero no quiere que den lugar a la fatiga, ni que disminuya la intensidad de su ferviente vigilancia, porque la mañana no llega tan pronto como la habían esperado…
Vi que era imposible que los afectos e intereses estuvieran dedicados a los cuidados mundanales, para acrecentar las posesiones terrenales, y tener al mismo tiempo una actitud de espera y vigilancia, como el Salvador lo ha mandado. Dijo el ángel: “Pueden conseguir un solo mundo. Para lograr el tesoro celestial, deben sacrificar el terrenal. No pueden tener ambos mundos”…
Vi que las sucesivas vigilias eran cosa del pasado. Por causa de esto, ¿debería haber falta de vigilancia? ¡Oh, no! Hay ahora una mayor necesidad de velar incesantemente, porque nos queda menos tiempo que cuando se produjo la primera vigilia. Ahora el período de espera es necesariamente más corto que antes. Si esperamos con una vigilancia inquebrantable entonces, con cuánto mayor interés deberíamos velar el doble que antes durante la segunda vigilia. El transcurso de esta segunda vigilia nos ha traído a la tercera y ahora no hay excusa ninguna para disminuir nuestra vigilancia. La tercera vigilia reclama una triple dedicación. Ponernos impacientes ahora implicaría perder toda nuestra ferviente y perseverante vigilancia anterior…
Mediante nuestra actitud vigilante debemos demostrar que somos verdaderamente extranjeros y peregrinos sobre la tierra. La diferencia entre los que aman al mundo y los que aman a Cristo es tan clara que resulta inconfundible. Mientras los mundanos dedican todo su entusiasmo y su ambición a obtener los tesoros terrenales, el pueblo de Dios no se conforma a este mundo, sino que manifiesta, mediante su actitud fervorosa de vigilia y espera, que ha sido transformado; que su hogar no está en el mundo, sino que está buscando una patria mejor: la celestial.— Testimonies for the Church 2:174-176.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White

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