17 de febrero | Devocional: Hijos e Hijas de Dios | Amamos sus mandamientos

«Señor, ¡llegó el momento de que actúes, pues los malvados han anulado tu ley!
Por eso yo amo tus mandamientos, porque son mejores que el oro más puro. Yo estimo la rectitud y pureza de tus mandamientos». Salmo 119:126-128, RVC

EN ESTOS DÍAS TAN PELIGROSOS, ¿manifestaremos menos devoción a la verdad de Dios y menos ferviente lealtad a su ley que antaño? La situación que Cristo indicó que existirían antes de su segunda venida con poder y gloria, es la que precisamente se está viendo ahora. La impiedad prevaleciente tiende a paralizar, y aun a destruir, la verdadera piedad. Pero esta es precisamente la época cuando el oro de la integridad cristiana resplandecerá con brillo mayor, en contraste con la escoria de la hipocresía y la corrupción. Ahora es el momento en que los elegidos de Cristo han de manifestar su consagración y su disposición al servicio; es el momento en que todos sus seguidores deben dar su más noble testimonio en favor de su Maestro, manteniéndose firmes contra la corriente del mal que prevalece.
Al ver los resultados que han seguido al desprecio de la ley de Dios: deshonestidad, latrocinio, corrupción, embriaguez y crimen, podemos decir con el salmista: «Amo tus mandamientos más que cualquier cosa en el mundo, aun más que el oro» (Sal. 119: 127, PDT). Cuando se deja de lado la ley de Dios, la mayor de las miseria viene como resultado, tanto para las familias como para la sociedad. La única esperanza de mejoramiento consiste en que se nos encuentre obedeciendo fielmente los preceptos de Jehová.
La Francia infiel demostró una vez lo que sucede al rechazar la autoridad de Dios. ¡Qué escenas de horror siguieron! La gente dejó de lado la ley divina como un yugo de servidumbre, y en su jactanciosa libertad se colocaron todos bajo el gobierno del verdadero tirano. La anarquía y el derramamiento de sangre dominaron durante aquellos espantosos años. Quedó entonces demostrado ante el mundo que la forma más segura de eliminar los fundamentos del orden y el gobierno, consiste en anular la ley de Dios.— Sigas of the Times, 15 de diciembre de 1881.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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